Mayabeque, Cuba_ El Proyecto de Constitución que se debate en centros de la producción y los servicios de todo el país concentra los derechos y deberes dispersos en la actual Ley de leyes, y se incorporan otros que fortalecen el régimen de garantías de los ciudadanos, y el deber de actuación del Estado.

Una de las modificaciones más novedosas, recogidas en el Título IV del Anteproyecto de Constitución, es la relacionada con la institución del matrimonio, al señalar que “es entre dos personas”, propuesta que ha generado rechazo entre instituciones religiosas y algunos ciudadanos.

Era de suponer estas posiciones teniendo en cuenta que la Carta Magna en vigencia plantea que sólo es posible esa unión entre un hombre y una mujer, argumento que desconoce los convenios y protocolos internacionales de Derechos Humanos, ratificados por Cuba.

Otro asunto influyente y controversial lo es sin dudas el machismo al más puro estilo cubano, está ahí, presente, en cada una de nuestras prácticas habituales. Se repite una y otra vez hasta la saciedad, en todos los contextos sociales. Pero debemos trabajar conjuntamente para crear y fomentar relaciones de justicia y respeto entre los sexos, y erradicar por completo cualquier forma de violencia.

Para asumir la nueva propuesta constitucional relativa a la institución matrimonial es preciso abrir mentes y cambiar posturas hegemónicas y patriarcales.

La Directora del Centro Nacional de Educación Sexual (CENESEX) de Cuba, Mariela Castro Espín, comentó que con el nuevo texto Cuba se sitúa, desde una perspectiva de protección integral a las personas por su orientación sexual e identidad de género, entre los países de vanguardia en el reconocimiento y garantía de los derechos humanos.

La también Licenciada en Psicopedagogía y Máster en Sexualidad, afirmó que la propuesta de protección es resultado de la madurez alcanzada por el proceso revolucionario que legitima y ampara relaciones sociales que se materializan en varios tipos de familias, de lo cual se desprende el deber del Estado de protegerlas y no discriminarlas.

Queda claro entonces que el Proyecto de Constitución que se debate ahora mismo en barrios y en  centros de trabajo no podía quedar al margen de este asunto al ser un acto de justicia que refuerza los principios de humanismo y equidad que  caracteriza a la Revolución y su sistema social.

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