Mayabeque, Cuba: El Valle del Perú, hace 60 años atrás, era como un enorme lodazal y por esa razón se le conoció como, “Los pantanos de Zenea”. En el año 1966 Fidel llegó por primera vez hasta estos lares para explorar sus potencialidades para el desarrollo de la ganadería.
Difícil fue para él y sus compañeros acceder a esta región tan apartada. Los pantanos, las cañadas y la ausencia de buenos caminos y carreteras les provocaron algunos contratiempos a los que después él se refirió: “Hay que decir que varias veces penetramos por el sur y no pudimos llegar. Veníamos en un jeep. Hay que decir que en una de las ocasiones nos atascamos catorce veces ¡catorce veces! y hay que decir que en una ocasión fundimos el jeep”.
Pero lograron por fin examinar la zona y al hacerlo Fidel se conmovió. Una carretera fue la primera de sus promesas cumplidas a los pocos meses. Después fue la escuela, como una perla, la cual desde entonces adorna el Valle del Perú apartado, silencioso y olvidado por tanto tiempo.
Al referirse a la edificación del centro escolar Fidel dijo: “para hacer esta escuela cientos de obreros trabajaron intensamente. (…) La hicieron en un tiempo record. Hay que decir que la hicieron bajo el agua. Hay que decir que los obreros que trabajaron en esta escuela hicieron un notable esfuerzo, los obreros y los técnicos que diseñaron y dirigieron la construcción de esta escuela en una primavera de mucha agua y en un terreno bastante dificultoso. A pesar de todo han hecho esta escuela que es una maravilla.”
Y por fin llegó el día de inaugurar el nuevo seminternado del Valle del Perú. Fue en el atardecer del 15 de noviembre de 1968, Año del Guerrillero Heroico. Cientos de familias campesinas se congregaron en ese lugar para conocer a Fidel y apreciar de cerca la maravilla que él había ayudado a crear.
Hicieron más histórico el momento los padres de Camilo Cienfuegos, quienes compartieron la alegría del pueblo que dejaba atrás la ignorancia y la tristeza. Mientras caía el sol detrás de las montañas Fidel le dijo así a la gente.
“Pero es hasta este momento lo más perfecto que se puede concebir en escuela primaria. Sí, se puede decir sin ninguna exageración ni nada.”
Y luego llegó un brillo desconocido e inesperado, el cual hizo más visible el conjunto de edificios de la nueva escuela primaria. Era la electricidad, y entonces Fidel exclamó:
“¡Yo creo que es un gran acontecimiento histórico que aquí en este valle se hayan encendido las luces eléctricas en este momento; es un acontecimiento histórico junto con otros. La carretera lo es, y la escuela lo es!”
Ciertamente esta escuela era una maravilla: sus aulas espaciosas, los pasillos como espejos, la amplia plazoleta, las áreas para la práctica deportiva donde se estrenaron los profesores de Educación Física, como parte de los programas docentes educativos. Bellísimos los muros bordeando los jardines, la biblioteca atestada de libros, el parquecito, el Martí, la bandera.
El 8 de enero de 1969, dos meses después de inaugurarse esta escuela, Fidel regresó para cumplir otro de sus compromisos con la gente del Valle del Perú, la fundación de un moderno Policlínico, hoy Centro Psicopedagógico de Mayabeque.
Allí estuvieron dos amigos de Alemania Eirk y Nadia, los padres de Tamara Bunke, la revolucionaria que cayó combatiendo en la Guerrilla del Che en Bolivia en 1967. Fue en aquellos instantes cuando él anunció que el seminternado llevaría en lo adelante, el nombre de Tamara Bunke.
La carretera, la escuela y el policlínico se erguían como destellos en un valle donde gracias a Fidel se redujeron las enfermedades, se expulsó la ignorancia y se acabó la explotación.
Pero otro sueño suyo se cimentaba en medio del pintoresco lugar, una comunidad de diez edificios y 256 apartamentos, en 1975. Las nuevas casas abrigaron a familias humildes de trabajadores que echaban a andar las modernas máquinas recién estrenadas en las unidades lecheras y otras para roturar los campos reverdecidos bajo el sudor y la pasión de la gente inspirada en un ideal y un nombre, ¡Fidel!
También se favorecieron aquellos que corrían peligro por el desborde de la Presa Mampostón que inundaba kilómetros en las épocas lluviosas, los campesinos que buscaban y merecían casas más confortables y seguras.
Al entregar la llave a la familia, esta se encontraba con una gran sorpresa, junto a las cuatro paredes se obsequiaba lo suficiente para ser feliz: camas colchones, muebles cocina de gas y hasta una luna grandísima de espejo que muchos, incluyendo mi madre, conserva hasta el día de hoy.
La bodega, el parque hermosísimo, los bancos y las blancas aceras invitando a andar y a sentir, conformaban otra gran obra que Fidel impulsó en el Valle del Perú
El tiempo pasó, y aunque el brillo se perdió en lo edificado debido a la erosión del tiempo y la dejadez, permanecen intactas, la tranquilidad y la armonía de los primeros años, como imborrable es el recuerdo de Fidel y todo lo que concibió para la gente humilde, quienes habitan entre estos mogotes. (LHS)


