José Antonio Echeverría Bianchi (Cárdenas, 16 de julio de 1932 - La Habana, 13 de marzo de 1957). Dirigente estudiantil y revolucionario cubano, presidente de la Federación Estudiantil Universitaria (FEU) entre 1954 y 1957, fundador del Directorio Revolucionario (brazo armado de la FEU) y uno de los principales líderes opositores a la dictadura de Fulgencio Batista. Firmó, junto a Fidel Castro, la Carta de México, que unía a la FEU y al Movimiento 26 de Julio en la liberación de Cuba.
Echeverría cayó en combate durante las acciones del 13 de marzo de 1957, que tenían como objetivo el ajusticiamiento del tirano en el Palacio Presidencial.
José Antonio Jesús del Carmen Echeverría Bianchi nació el 16 de julio de 1932, a las tres de la tarde, en la ciudad de Cárdenas, provincia De Matanzas. Fue el primer hijo del matrimonio formado por Antonio Jesús Echeverría González y Concepción Bianchi Tristán, tuvo tres hermanos menores: Sinforiano, Alfredo y Lucía.
Aunque padecía de asma, llevó una vida normal. Buen estudiante, el diapasón de sus intereses abarcó las disciplinas artísticas de pintura, música, teatro, danza y las deportivas, pues aunque su biotipo no fuera idóneo, con disciplina y tesón alcanzó buenos resultados atléticos. También era amante de la filatelia.
Desde su arribo a la universidad es elegido delegado de asignaturas y de curso. Organiza el Grupo Arquitectónico de Renovación Estudiantil (GARE), que reunió a los elementos más radicales, y que logra, a través de su candidato, la presidencia de la asociación de estudiantes en esa facultad. Echeverría es también elegido secretario general, vicepresidente y presidente de la Asociación de Alumnos de Arquitectura, hasta alcanzar, posteriormente, la presidencia nacional de la FEU.
El 10 de marzo de 1952, de vacaciones en Cárdenas, conoce del golpe de Estado de Fulgencio Batista; regresa inmediatamente a La Habana y se suma a las protestas estudiantiles por el cuartelazo. El 14 de marzo de ese mismo año, Echeverría firma la Declaración de Principios de la Federación Estudiantil Universitaria.
A partir del golpe de estado, profundiza más su posición revolucionaria y combativa. La dirección de la FEU le encomienda organizar la huelga estudiantil en los planteles de enseñanza secundaria, y para ello viaja por todo el país. Su misión surte efecto. La dictadura allana los colegios y detiene a los dirigentes para acabar con la huelga.
Entre el 2 y el 6 de abril, participa en la jura de la Constitución de 1940, cuyos principios había violado el cuartelazo batistiano; también está presente en el entierro simbólico de dicho documento, organizado por la FEU y con la participación del pueblo.
El 28 de octubre, José Antonio Echeverría, Álvaro Barba y otros estudiantes de Arquitectura e Ingeniería, viajan a México para participar en el VIII Congreso Panamericano de Arquitectura. El gobierno de Batista ofrece un avión militar para el traslado de los participantes, pero Echeverría y Barba se niegan a aceptarlo. Un mes después, el 27 de noviembre, Echeverría es uno de los oradores que participan en la velada celebrada en la escalinata universitaria en recordación de los ocho estudiantes de medicina fusilados injustamente por el gobierno colonial.
El 10 de enero de 1953, Echevarría participa en el acto de homenaje en el que se devela el busto de Julio Antonio Mella; cinco días después, es profanado el busto del luchador revolucionario de los años veinte. La masa estudiantil se manifiesta de forma violenta en contra de esta ofensa; son golpeados y detenidos muchos líderes estudiantiles, José Antonio Echeverría entre ellos. El 27 de enero, participa en la Marcha de las Antorchas, desde la escalinata universitaria hasta la Fragua Martiana, acto que culmina el siguiente día 28 con una manifestación en el Parque Central para conmemorar el centenario del natalicio del Héroe Nacional de Cuba, José Martí. Durante el resto de ese año, Echevarría está presente en todas las protestas y manifestaciones estudiantiles.
La preparación de las acciones del 13 de marzo comenzó en enero de 1957, cuando tuvo lugar la primera reunión entre el Directorio Revolucionario y el grupo de Menelao Mora Morales. Después se perfilaron los detalles, se realizó el reclutamiento de los hombres, y se inició el acopio de armas.
Las operaciones estaban previstas de la siguiente forma: el asalto al Palacio Presidencial por un comando de 50 hombres con armas automáticas encargado del ajusticiamiento del tirano Fulgencio Batista; un grupo de apoyo de otros 100 entraría en acción posteriormente, y al mismo tiempo sería tomada la emisora Radio Reloj por Echeverría y 15 hombres, para difundir la noticia de la muerte del tirano. Este último destacamento ocuparía a continuación la Universidad de la Habana, donde se establecería el cuartel general.
Integraron la comisión militar de la acción Carlos Gutiérrez Menoyo (jefe), Faure Chomón Mediavilla (segundo) y Armando Pérez Prieto, encargado de vigilar e informar la presencia de Batista. El refuerzo disponía de fusiles y unas 10 ametralladoras calibre 30, 10 fusiles automáticos y una ametralladora calibre 50 montada sobre el eje de un camión. Este grupo debía controlar los edificios más altos, cercanos al Palacio, tales como Bellas Artes, una fábrica de tabacos y el Hotel Sevilla. Ellos emplazarían las ametralladoras y dispararían contra la guarnición palaciega situada en la azotea de la casa de gobierno.
La primera y tercera partes se llevaron a cabo, pero el segundo comando no llegó. Faltaron las órdenes precisas de los responsables a los involucrados para dirigirse a los objetivos señalados mientras un camión con el armamento necesario estaba estacionado cerca del lugar.
A las tres de la tarde del 13 de marzo de 1957, el auto de Carlos Gutiérrez abrió la caravana. Detrás iba un camión, con un letrero que decía Fast Delivery, seguido de otro auto. De la calle 17, en la zona residencial del Vedado, doblaron por O, Vapor, Espada, San Miguel, Campanario, Dragones (...) El camión iba casi ponchado.
En el interior del camión iban apretados los hombres, unos contra otros, en una oscuridad total y un asfixiante calor. Todos en mangas de camisa, menos Evelio Prieto. Pegados a la puerta, José Machado (Machadito) y Juan Pedro Carbó Serviá intercalaban chistes. Mario Casañas acariciaba su arma y le decía bajito a Manuel Gómez Sartorio: «Ahora sí, ahora sí».
En el edificio Radiocentro, en los estudios de Radio Reloj, José Antonio Echeverría se apoderaba de los micrófonos: Pueblo de Cuba, en estos momentos acaba de ser ajusticiado revolucionariamente el dictador Fulgencio Batista. En su propia madriguera del Palacio Presidencial, el pueblo de Cuba ha ido a ajustarle cuentas. Y somos nosotros, el Directorio Revolucionario, los que en nombre de la Revolución Cubana hemos dado el tiro de gracia a este régimen de oprobio. Cubanos que me escuchan: acaba de ser eliminado.
En lo que se considera su testamento político, fechado aquel mismo día, José Antonio Echeverría, líder del Directorio Revolucionario, expresaba: Si caemos, que nuestra sangre señale el camino de la libertad. Porque, tenga o no, nuestra acción el éxito que esperamos, la conmoción que originará nos hará adelantar en la senda del triunfo.
Tras la toma de la emisora Radio Reloj José Antonio Echeverría se dirigió a la Universidad de La Habana. El automóvil en que viajaba resultó interceptado por un vehículo policiaco a un costado del recinto universitario. El líder estudiantil murió ametrallado con sólo 24 años de edad. Sobre su muerte Fructuoso Rodríguez, uno de sus compañeros más allegados, dijo:
El Gordo cayó como un valiente. Con desprecio absoluto de su vida avanzó sobre una perseguidora y les disparó por la ventanilla. Cayó al suelo y volvió a pararse sobre sus rodillas y sacando un revólver (que le había quitado a un soldado) volvió a tirar por la ventanilla para dentro: en ese momento una ráfaga de ametralladora lo remató.
Para evitar un entierro público y las manifestaciones populares, el régimen batistiano retuvo el cadáver en la morgue hasta horas de la tarde del día 14 de marzo. Fue entonces que entregaron el cuerpo a la familia, que ya estaba en La Habana desde el propio día de la muerte de Echeverría.
Cerca de las seis de la tarde autorizaron el traslado del féretro hacia Cárdenas, pero con dos condiciones: sólo el auto de los padres podía acompañar al carro fúnebre. El resto del cortejo debía partir de inmediato y esperar en la Calzada de Managua. Como segunda condición se planteó llevar el ataúd directamente al cementerio de Cárdenas.
El cortejo fúnebre fue detenido y revisado en varias ocasiones y al llegar a la Calzada se le ordenó adelantarse hasta el cementerio. La necrópolis estaba rodeada por policías y agentes del Servicio de Inteligencia Militar, uno de los cuerpos represivos de la dictadura, que procedieron a registrar autos y personas por orden del capitán Alzugarai, jefe de la policía de la zona, y quien fuese fusilado al triunfo de la Revolución Cubana por sus crímenes.












