Camilo poseía el don de la firmeza y la seguridad. Entre sus virtudes resaltan la fidelidad a la patria y a Fidel.
El héroe de Yaguajay, un hombre humilde, de temperamento jovial y sonrisa franca, ganó amigos por todos los sitios donde anduvo, convirtiéndose desde muy temprano en uno de los más carismáticos dirigentes de la Revolución Cubana.
Hoy su legendaria figura vive en el corazón del pueblo. En los momentos difíciles de la guerra hizo siempre del sacrificio un instrumento para templar su carácter y forjar el de la tropa. Por eso el hombre del sombrero alón legó la fuerza que movía su arma, el ímpetu con que asumió cada tarea y su humildad.
En unión con el Che Guevara libró la decisiva batalla para tomar Santa Clara y entraron triunfantes el dos de enero a La Habana.
Su ejemplo perdura tras el paso del tiempo, ni el mar, el viento o las nubes que cubren nuestro cielo pudieron arrancar del pecho de cada cubano la gallardía, el amor al prójimo del Comandante Camilo Cienfuegos.
Cada 28 de octubre su nombre se levanta desde lo más alto para legar a las actuales y futuras generaciones el arrojo y valentía del Señor de la Vanguardia. (IVP)


