En el testimonio numeroso sobre aquellas horas difíciles del Comandante Ernesto Guevara, herido y prisionero en la humilde escuelita de La Higuera en Bolivia, resulta recurrente su diálogo con un joven soldado que parece tratarlo con admirable respeto.
El autor del libro Ñancahuazú: la guerrilla del Che en Bolivia, el periodista José Luis Alcázar, quien reportaba sobre los hechos desde las filas del ejército, recordaba la conversación del Che con uno de aquellos muchachos que le custodiaban, que se habría iniciado con la pregunta: “¿Cómo es Cuba?”
El investigador, analista y escritor cubano Ernesto Limia Díaz, sostuvo que ya en horas de la noche del domingo 8 de octubre de 1967, al parecer el Guerrillero Heroico consideró la posibilidad de evadirse con la colaboración de un soldado humilde nombrado Mario Eduardo Huerta, publica Radio Rebelde.
Conocido autor de numerosos estudios sobre la saga heroica del Che, el historiador y ensayista cubano Ernesto Limia Díaz precisó que, tras el alevoso asesinato, el agente de la CIA Félix Rodríguez Mendigutía transmitió a Langley el siguiente mensaje: “Guevara fue ejecutado con una ráfaga de disparos a las 13:15 horas del 9 de octubre”.
Limia Díaz afirmó que a las seis de la tarde del día 8, desde la casa del embajador norteamericano en La Paz, el presidente de facto de Bolivia, René Barrientos Ortuño, consultó al gobierno de Estados Unidos sobre qué hacer con el Che preso. “Dos horas después –dijo- llegó a La Paz la respuesta de Washington: El Che debe ser asesinado”.
El investigador, analista y escritor cubano, calificó de falacia la difundida versión de unas autoridades yanquis tomadas por sorpresa ante la presunta decisión castrense del Altiplano de asesinar al Che, sin consultarlas siquiera. “Hasta se sabe -afirmó-que el propio día 9 de octubre, el oficial de guardia en Langley reclamó las huellas dactilares del cadáver para confirmar si el hombre ultimado en La Higuera realmente era el Che”.
Ernesto Limia Díaz recordó que, trasladado en helicóptero hasta Vallegrande, el cuerpo del Guerrillero Heroico fue recibido en el hospital de esa ciudad del sureste boliviano por otro agente de la CIA, Gustavo Villoldo, ex capitán honorario de la policía del dictador Fulgencio Zaldívar.
Cuatro guerrilleros cayeron en el combate de la Quebrada del Yuro: el boliviano Aniceto Reynaga y los cubanos René Martínez Tamayo, Orlando Pantoja y Alberto Fernández Montes de Oca. Tres resultaron prisioneros y asesinados al día siguiente: el Che, el peruano Juan Pablo Chang Navarro y el boliviano Simeón Cuba.
Lograron romper el cerco diez combatientes en dos grupos, uno de cuatro que fue aniquilado días después, y otro de seis que libraría en lo adelante una verdadera epopeya. (BSH)


