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A muchos cubanos en la Isla o fuera podría parecerle lejana la posibilidad de verse afectados directamente por una política de otro país hacia el nuestro, pero la realidad es objetiva. Ya cuentan cincuenta y cinco años desde que se puso en práctica el Bloqueo Económico contra Cuba, una indigna estrategia que permanece vigente a pesar del restablecimiento de relaciones diplomáticas entre Washington y La Habana.

A veces olvidamos cosas, pero esta no se olvida pues las pruebas vienen día a día. Recordemos que el 3 de enero de 1961 Estados Unidos rompió sus nexos con Cuba y el 31 de marzo de ese año, el Presidente John F. Kennedy suprimió totalmente la cuota azucarera cubana en el mercado norteamericano y el 3 de febrero de 1962, mediante la Orden Ejecutiva Presidencial 3447, se firma oficialmente el bloqueo total contra nuestro país.

En una intervención del canciller cubano, Bruno Rodríguez Parrilla, en la ONU, expresaba “Se trata ya de uno de los temas tradicionales de la Asamblea General, que convoca los pronunciamientos más reiterados, con el apoyo más categórico y abrumador, y que muestra con mayor nitidez el aislamiento incómodo del país agresor y la resistencia heroica de un pueblo negado a ceder sus derechos soberanos”.

Y es que en veinticinco ocasiones, la Asamblea General de las Naciones Unidas aprobó una resolución de condena al bloqueo, cuyo respaldo alcanzó la cifra de 191 Estados en el año 2016. Ningún otro tema concita tal unidad mundial contra una política estadounidense.

Pero ¿qué pasaría si se levantara el bloqueo? Algunas de las medidas que serían muy beneficiosas para cualquier cubano que viva o visite la isla serían por ejemplo que Cuba ya no tendría la prohibición de acceder al mercado de Estados Unidos, tanto para adquirir mercancías, como para comercializar productos tradicionales de exportación como el azúcar, el ron, el tabaco y el níquel, ya no tendríamos la imposibilidad de exportar servicios, podríamos acceder a la tecnología de punta que poseen empresas estadounidenses, tener un mayor nivel de inversión extranjera, y ya no tendría necesidad de comprar alimentos ni medicinas en mercados lejanos. Por lo tanto si lo necesitamos, sí hace falta, si es primordial.

Dice un dicho que no hay mal que dure cien años, y este tampoco durará.

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Categoría: Noticias
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