El maltrato al entorno y a la propiedad social, así como las conductas impropias en lugares públicos, forman parte de los temas que se debaten a diario en cualquier espacio. La verdad es que aflora un sentimiento de angustia y preocupación extrema por la destrucción de nuestro patrimonio, que se acentúa cada vez más.

En especial, en aquellos parques emblemáticos para la sociedad, en los que cualquiera de nosotros descansa unos minutos luego de una larga caminata, dialoga o intercambia con amigos, comparte criterios con el ser amado, o simplemente donde llevamos a nuestros hijos para que tengan un rato de diversión de la manera más sana posible.

Es doloroso ver cómo personas insensibles se dedican a destruir estos lugares y no se levanta una mano para arremeter contra los infractores y así contribuir a la educación en pos de salvaguardar parte de la historia que vivimos.

Urge poner fin a estas conductas inadecuadas que empañan la imagen del proyecto social, que por más de 50 años protagonizamos los cubanos.

Luchar contra las indisciplinas sociales se torna imprescindible en una sociedad donde se aprecia, con frecuencia, con cuánta alevosía arrancan y destruyen lo que por derecho pertenece a todos.

Apostamos hoy por la necesidad de cuidar y preservar nuestros parques y lo que les rodea. Reflexionar sobre el tema y combatir sin tregua estas indolencias que deslucen nuestra ciudad es tarea de cada ciudadano.

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