Las ideas y los sueños de José Martí, comenzaron a materializarse desde que la generación del centenario  procuró dar continuidad a la lucha que los mambises iniciaron el 10 de octubre de mil 868 en La Demajagua.

El ideario martiano impulsó a Fidel Castro Ruz y los asaltantes al cuartel Moncada a una acción que muchos creyeron arriesgada y pese al fracaso sirvió de guía a lo que sería más tarde la gran ofensiva revolucionaria, llegando a concretar el verdadero triunfo en enero de mil 959.

Es imposible separar las pretensiones del Apóstol y las del líder histórico de la Revolución Fidel Castro, el hilo conductor en ambas figuras era libertad, justicia social, igualdad, amor a la patria, antimperialismo, solidaridad, por eso el más universal de todos los cubanos, guardó prisión, fue deportado, fundó el Partido Revolucionario Cubano, preparó la guerra, fue a la manigua y cayó combatiendo.

Su hijo más fiel, casi en una copia al papel carbón de la vida y obra del maestro, también estuvo en presidio, llegó a México, preparó la expedición del Granma, fue  a la Sierra Maestra y logró el triunfo definitivo.

Desde entonces, algunos pensaron que el camino sería más fácil, él advirtió que al contrario, resultaría más difícil.

La campaña de alfabetización brindó la posibilidad de la enseñanza a todo un pueblo, la Ley de Reforma Agraria hizo dueños de las tierras a los campesinos, la formación de profesionales en diferentes ramas, contribuyó a elevar el nivel de vida en la sociedad cubana, la lucha en el continente africano demostró que una idea justa desde el fondo de una cueva puede más que un ejército.  

Los duros años del período especial, fue otra etapa donde el ideario martiano cobró vigencia, la unidad, resultó eslabón esencial para salir adelante, no renunciar a uno solo de los principios que guiaban a la Revolución y la eterna confianza en el pueblo, igualmente posibilitaron continuar resistiendo, ante los embates de  una de las potencias más grandes del mundo.

Inspirados en Martí, miles y miles de hijos de esta tierra, brindan sus conocimientos como médicos, artistas, deportistas, científicos, en los más recónditos parajes de la geografía universal.

No resultó obra de la casualidad que cinco jóvenes cubanos desde las mismas entrañas del monstruo defendieran a su pueblo del terrorismo, que un niño fuera capaz de movilizar  una nación por su regreso, porque precisamente de Martí aprendimos que ellos son los que saben querer, son la esperanza del mundo.

También como Martí, el Comandante se fue invicto, combatiendo desde su trinchera de las ideas por su pueblo y otros del planeta, como para no separarse de esas ideas que lo guiaron por más de medio siglo fue a reposar a unos escasos metros de su maestro, en una piedra que intenta guardar la grandeza de un hombre, multiplicado en millones y que como el Apóstol más allá de la existencia, anima, inspira, conduce, triunfa.

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