Comenzaba el año 1953 cuando una luz inundó desde la calle de Paula en La Habana a toda Cuba. José Martí es esa luz que desde entonces nos ilumina y acompaña, su figura de hombre bueno, digno y patriota fue creciendo ante nuestro pueblo hasta alcanzar dimensiones de gigante.  

Es el Héroe Nacional porque nos legó una vida de sacrificio y entrega sin límites a la libertad, de él aprendimos el amor incondicional a la patria y la unidad como principal arma para vencer, fundar y construir un país sin amos y con justicia.

Martí como dijo el poeta es ese misterio que siempre nos acompaña para alentarnos ante cada desafío o reto que enfrentamos. Cayó bañado de sol en brazos de la patria agradecida para ser inmortal en la voluntad de un pueblo martiano y revolucionario que es fiel a sus pensamientos.

Cien años después de su llegada el 28 de enero de 1953, un joven rebelde y enamorado de la justicia, lo convirtió en su guía intelectual en la ofensiva final por los sueños libertarios.

Fidel ubicó al Apóstol en el lugar sagrado que le correspondía por sus servicios a Cuba y todo cuanto hizo fue una honra a sus anhelos  por la Patria que tanto amó.

La vigencia del pensamiento martiano es clave en la unidad de los cubanos porque a 123 años de su caída en combate, José Martí sigue siendo paradigma de todos los hombres revolucionarios y justos de la Isla y el mundo.

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