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Fidel no descansaba, andaba el país de punta a punta, estaba en las escuelas, en las Fábricas, con los deportistas, con los obreros, estaba en las inauguraciones, en las calles, en el campo.

Los niños lo veían como el abuelo que se puso viejito dejándonos reflexiones en los Noticieros, y apareciendo a menudo en fotos con los altos dignatarios que visitaban nuestro país.

Los mayores, nos contaban las historias de su Caravana en enero de 1959, de cómo el pueblo sin saber a qué hora pasaría, se quedaba a orillas de las carreteras esperándolo.

Por nosotros lo hizo todo. Dejó la comodidad de su familia adinerada en Birán y se arriesgó a diario bajo un objetivo fuerte: nuestra libertad, la de todos. Fidel venció siempre, lo conocemos victorioso en todas las hazañas, lo conocemos ingenioso, inteligente, líder, de palabra precisa y visión de futuro más que acertada. Nunca dejó de ser el joven de la Universidad, el deportista, el que se atrevió a todo sin miedo, el del Moncada y la Sierra. Vio morir a sus compañeros, pero no detuvo la marcha, por el contrario, su ímpetu era a cada paso más fuerte.

Desde el 59, Fidel ya era más que Fidel, porque se comenzó a ver escuelas donde había cuarteles, y hospitales, y policlínicos, y una campaña de Alfabetización que probó una vez más que en Cuba jamás triunfaría la ignorancia.

Fue quien nos guió en Girón, y en todo momento. Era alto, impresionaba, lo amamos todos. Un día, los pioneros delante de él coreaban: ¡Fidel! ¡Fidel! ¿Qué tiene Fidel, que los imperialistas no pueden con él? El Comandante, contestó: Los tengo a ustedes.

Hay una roca en Santiago de Cuba, grande y de granito, que tiene escrito su nombre. Parece que detrás de ella puede salir en cualquier momento el niño que se bañó en el río en Birán, o el universitario, o el guerrillero verde olivo, o el barbudo sonriente. Siempre hay flores para él delante. El pueblo se las lleva, el mismo pueblo que ahora sin falta, grita en tribunas y desfiles: Yo soy Fidel. (IVP)

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Categoría: Fidel, la huella eterna
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