Imprimir

 

Mis versos van revueltos y encendidos
como mi corazón: bien es que corra
manso el arroyo que en el fácil llano
entre céspedes frescos se desliza:

Ay: pero el agua que del monte viene
arrebatada; que por hondas breñas
baja, que la destrozan; que en sedientos
pedregales tropieza, y entre rudos
troncos salta en quebrados borbotones,
¿Cómo, despedazada, podrá luego
cual lebrel de salón, jugar sumisa
en el jardín podado con las flores,
o en la pecera de oro ondear alegre
para querer de damas olorosas?

Inundará el palacio perfumado,
como profanación: se entrará fiera
por los joyantes gabinetes, donde
los bardos, lindos como abates, hilan
tiernas quintillas y romances dulces
con aguja de plata en blanca seda.

Y sobre sus divanes espantadas
las señoras, los pies de media suave
recogerán, en tanto el agua rota,
convulsa, como todo lo que expira,
besa humilde el chapín abandonado,
Y en bruscos saltos destemplada muere!

Compartir / Share

Submit to FacebookSubmit to Google PlusSubmit to Twitter
Categoría: Obras
Visitas: 359