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Mayabeque, Cuba__ Han transcurrido 165 años, pero sus ideas siguen tan vivas como  en  aquel enero de 1853, cuando José Martí, llegaba al mundo. 

¿Cómo es posible que un legado trascienda épocas, sistemas, ideologías? ¿Cuántas y cuántas figuras de talla universal se inspiran aún en el maestro para defender las causas más nobles y justas?

Y es que Martí siempre aparece, por su grandeza, por su amor o por su dedicación a una obra.

Le encontramos en el combate, en la intransigencia, en el compromiso, en  el arte, en lo puro, en lo  sensible, en la verdad.

Por eso la generación del centenario no lo dejó morir y con más coraje que armas y hombres asaltaron al Moncada,  llegaron en el Granma y libraron la lucha en la Sierra Maestra, hasta triunfar en aquel enero luminoso de 1959.

Que toda Cuba este 27 se encienda en una sola antorcha desde la punta de Maisí hasta el cabo de San Antonio, no es solo el homenaje al hombre de la Edad de Oro, significa también que el tiempo no puede borrar la historia.

Que los niños continúen representando con sus disfraces a Nené Traviesa, Pilar o el Camarón Encantado, habla de continuidad, legado, entrega.

Más allá de una imagen en el busto del parque, Martí es presente, es Cuba, es América, es pueblo.

Después de tantos años, continúa convocando a la misma lucha, con los mismos principios, para defender la misma causa: la libertad conquistada a filo de machete y sangre derramada, esa que no se negocia, que no se vende, a la cual no se renuncia, porque en ella va nuestra historia y la de otros pueblos hermanos, en ella va también el sustento fundamental de la Revolución Cubana.

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Categoría: El más puro de nuestra raza
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