Para los cubanos en particular y para los americanos y caribeños en general son imprescindibles las ideas martianas para orientar nuestras acciones en momentos definitorios como los que vivimos, frente a los más complejos obstáculos y exaltando el papel de la cultura y las formas de hacer política que nos enseñó a aplicarlas con inteligencia, creatividad y oportunidad es el mayor desafío del momento actual, así lo referenció el gran cultor del ideario martiano Armando Hart Dávalos.
La vigencia del legado del Maestro cobra hoy a 165 años de su nacimiento una especial significación, fueron muchos los aportes de Martí al pensamiento revolucionario cubano como palpable es la vigencia de sus ideas en la Revolución.
A modo de ejemplo podemos citar su independentismo, su afán al lado de los pobres del mundo, en particular los de nuestras preteridas repúblicas americanas en las que el indio sufre y trabaja solo con el sol o el frío del páramo como compañía.
También la propuesta de entregarnos en altruista gesto a una vocación internacionalista que ya es parte de nuestra identidad, sin embargo la familia tiene en su ideario una fuente limpia e inagotable de recursos para la formación de los hijos en una época matizada por las precariedades y desvalores de una nociva globalización.
A través de los escritos martianos conocemos a un Martí defensor no solo de los ideales de la justicia social y de la patria, sino también al hombre sencillo, sensible y humano que reflexiona sobre la vida y los valores.
El Apóstol mostró gran interés por la educación de los niños para que pudieran convertirse en un futuro en hombres y mujeres de bien. Su pensamiento guía nuestro andar cotidiano y son ejemplo de virtud y calidez humana.


