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Un hombre se convierte en símbolo de relevancia mundial. Su personalidad despierta grandes pasiones. Su simpatía, y extraordinarias dotes de revolucionario lo convirtieron en un ser con un fuerte espíritu de disciplina y autocontrol, rebelde y de convicciones a favor de la justicia social.

El CHe, de espíritu bravío y apasionado goza de respeto universal. Un pueblo entero hoy se despierta para verlo con esa sonrisa que no cree en el luto, porque su ejemplo es imperecedero, revive en las generaciones de aquí y del resto del mundo que vio en él al argentino, al cubano, al ser solidario convertido en insignia.

En la formación del hombre nuevo lo veía como un individuo fuertemente movido por una ética personal que lo impulsaba a la solidaridad y al bien común.

Ernestito, para diferenciarlo de su padre, Teté, sobrenombre de bebé, Tatu apodo utilizado en el Congo o Ramón, su seudónimo en la guerrilla Bolivia, todos nombran a la misma persona.

El Guerrillero Heroico ha pasado a la posteridad como un ser excepcional para sus amigos, sus admiradores y para quienes le arrebataron la vida.

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Categoría: Comentarios, crónicas y testimonios
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