Le ofrecemos algunos consejos que seguro serán de gran utilidad.
Muebles de bambú.
- Para conseguir que adquieran un brillo especial bastará con que les pases de vez en cuando, medio limón por toda la superficie.
- Velas que no gotean.
Puedes evitar esas odiosas gotas de cera en el mantel, si el día anterior dejas las velas, durante unas horas, en remojo en agua salada.
- Bañera impecable.
Se limpia muy bien con vinagre caliente. Si tiene manchas amarillas, puedes eliminarlas aplicando una mezcla hecha con el zumo de un limón y dos cucharaditas de sal fina.
- Chicles pegados a la ropa.
Si tu hijo llega a casa con un chicle pegado a la ropa, y no sale con nada. No te desesperes. Coge la prenda, métela en una bolsa de plástico, ciérrala bien y déjala una hora en el congelador. Conseguirás quitarlo sin esfuerzo.
- Cortinas de baño.
Con la humedad, es inevitable que le salgan manchas de moho, sobre todo en la parte baja. Para quitarlas pásales una esponja humedecida en lejía diluida. Si tiene muchas, lo mejor es ponerlas a remojo en agua con una buena cantidad de lejía y un poco de detergente. Acláralas bien y cuélgalas en el baño, todavía mojadas, sin escurrir.
- Ropa más blanca.
Cuando la ropa permanece guardada durante mucho tiempo aparecen en ella unas feas manchas amarillentas, difíciles de eliminar con un simple lavado e incluso con lejía. Para devolverle su color blanco inicial, pon sobre ellas un poco de leche fría, déjala reposar durante un rato y después prueba a lavar la prenda normalmente.
- Sillas de rejilla.
Estas sillas tienen el inconveniente de que al envejecer, la rejilla se vuelve gris y se deforma. Para devolverle su antiguo y terso aspecto lávala con agua fría a la que hayas añadido un puñadito de sal; aclara rápidamente y déjala secar al sol o cerca de una fuente de calor. La rejilla se recuperará totalmente.
- Flores duraderas.
Prueba a echar en el agua del jarrón una cucharadita de sal, otra de azúcar y dos o tres gotas de lejía. Te maravillará el resultado.
- Marcos dorados.
Para embellecerlos, frótalos con un paño empapado en el jugo de una cebolla que habrás licuado previamente. Recobrarán todo su esplendor.


