La Escuela Provincial de Arte (EPA) Federico Arístides Soto Alejo “Tata Güines”, ubicada en Melena del Sur, arribó a su primer aniversario en medio de un contexto complejo marcado por el recrudecimiento del bloqueo económico y financiero. Para conocer cómo se garantiza la continuidad del proceso docente educativo en la formación artística de los estudiantes, dialogamos con su directora, la Lic. Doris Lidia Toledo Cruz.
Periodista: Directora, tras el recrudecimiento del bloqueo y la crisis que enfrenta el país, ¿qué alternativas ha adoptado la escuela para garantizar la continuidad del proceso docente educativo en la formación artística de sus estudiantes?
DLTC: En medio de estas complejas circunstancias que impone el bloqueo, hemos tenido que resignificar el concepto de “aula”. La escuela no se detuvo; se transformó. Ante las limitaciones de recursos y de transporte, nuestra principal alternativa ha sido descentralizar la enseñanza sin perder las esencias de la EPA. Hemos potenciado al máximo el trabajo metodológico desde la distancia, combinando, donde es posible, la utilización de herramientas digitales (como grupos de WhatsApp para entregar orientaciones precisas) con el invaluable apoyo de las estructuras municipales de Cultura y Educación. Pero lo más importante es que hemos convertido la adversidad en contenido pedagógico: el estudiante de arte hoy no solo aprende técnica, sino que aprende a crear en condiciones difíciles, que es la esencia del artista cubano.
P: ¿Cómo se organiza el seguimiento académico y metodológico a los estudiantes que hoy se encuentran insertados en instituciones educativas y culturales de sus municipios de residencia?
DLTC: Ese seguimiento es hoy una prioridad para nosotros. Hemos activado un trabajo en red del que nos sentimos orgullosos. Cada profesor del claustro tiene asignado un grupo de estudiantes por zonas geográficas y municipios de residencia, donde hay un maestro responsable de cada territorio. El contacto es sistemático. Sin embargo, el pilar fundamental ha sido el apoyo incondicional de las Direcciones Municipales de Cultura y Educación. Los estudiantes, al estar en sus territorios, se insertan en las Casas de Cultura, en las bibliotecas, los museos y el especialista de ese municipio se convierte en una especie de co-tutor. De igual manera se ha fortalecido el trabajo con los especialistas de dichas instituciones e incluso rescatamos a profesores que en cursos anteriores pertenecían a nuestro claustro; de ellos hemos recibido apoyo hasta en el proceso de captaciones. Semanalmente, recibimos informes de su desempeño y de su disciplina. Además, mantenemos encuentros presenciales planificados donde evaluamos el progreso no solo técnico, sino también humano de nuestros futuros artistas.
P: En este contexto, ¿Qué papel desempeña el claustro de profesores para mantener la calidad de la enseñanza y la motivación de los alumnos, pese a las limitaciones materiales y logísticas?
DLTC: El claustro es, sin dudas, el corazón de esta resistencia que hoy protagonizamos. Les puedo decir que tengo el privilegio de dirigir a un grupo de profesores que son, ante todo, artistas y revolucionarios. Su papel ha ido más allá de lo académico; se han convertido en guías espirituales para cada uno de los alumnos. Ante las carencias ellos han rediseñado los programas para aprovechar recursos alternativos. Ante la baja motivación que provocó salir de la institución física que nos acoge ellos llevan a los estudiantes fragmentos de su historia personal, de cómo ellos mismos se formaron en tiempos difíciles. Los profesores de la EPA Arístides Soto hoy no solo enseñan una partitura o envían hojas de trabajo, enseñan cómo hacer mucho con poco, que es la esencia de la creación. …ellos sostienen la calidad porque han entendido que la mediocridad no es una opción, y esa exigencia la transmiten con el ejemplo.
P: ¿Qué vínculos se han fortalecido entre la escuela y las instituciones culturales de los municipios —casas de cultura, bibliotecas, museos, proyectos comunitarios— para que los estudiantes continúen desarrollando sus habilidades artísticas y su vocación creadora?
DLTC: Ha sido un redescubrimiento del valor de lo local. El bloqueo nos obligó a dejar de mirar solo hacia La Habana o hacia el exterior, y mirar hacia nuestras comunidades. Hemos estrechado un vínculo orgánico con las Casas de Cultura, que se han convertido en extensiones naturales de nuestra escuela. Ahí los muchachos no son visitantes; son miembros activos. En las bibliotecas, investigan; en los museos, se nutren de la memoria; en los proyectos comunitarios, se enfrentan al arte más puro: el que transforma realidades. Este vínculo ha sido tan exitoso que hoy nuestros estudiantes interactúan en talleres de creación, peñas comunitarias y actividades con adultos mayores, discapacitados, con otras instituciones educativas, etc., devolviéndole a la comunidad lo que aprenden. Han pasado de ser alumnos a ser promotores, y eso acelera su madurez artística.
P: ¿Qué mensaje le gustaría transmitir a las familias y a la comunidad sobre el compromiso de la escuela con la formación integral de los futuros instructores de arte y músicos de la provincia?
DLTC: A las familias, que son nuestros principales aliados, les quiero decir: tranquilidad y orgullo. La escuela no ha cerrado, ni en lo físico ni en lo espiritual. Detrás de cada dificultad logística, hay un equipo de profesores y directivos pensando en sus hijos. Entendemos que en estos tiempos, el arte es más necesario que nunca porque alimenta el alma. A la comunidad expresarles que estos muchachos que ven en las Casas de Cultura, en los parques, en los barrios, son la cantera de la cultura de la provincia. Están aprendiendo a ser sensibles en un mundo duro, y eso los hará grandes artistas. El compromiso de esta escuela es que, pase lo que pase, de nuestras aulas seguirán saliendo los músicos e instructores que llevarán la alegría y la identidad de Cuba a cada rincón. El arte cubano no se rinde, y nuestra escuela es prueba de ello. (rda)





