Diez años de una peña que es un regalo

Su voz resonó este domingo en la Plaza Cultural Mayabeque news, durante una tarde dorada como su pelo. Desde ese escenario emblemático, Anita Pedraza anunció el décimo aniversario de un rito mensual cada primer domingo  que convierte la música en un obsequio arraigado en la memoria colectiva.

Esa tarde se percibió un matiz distinto. Algo que desplegó, con más claridad que nunca, la dimensión espiritual de la artista y sus seguidores.

La peña reúne a jóvenes, adultos y ancianos sin distinción de edad. Todos corean las letras, no hay distancia entre el escenario y el alma de los asistentes.

Viste su traje ranchero de bordados, con sombrero que evoca los orígenes de su arte mexicano. Camina con la altivez del primer día, como si cada paso consagrara el espacio. Su pelo rubio, suelto y sin artificios, atrapa la luz vespertina y la devuelve en destellos. Su voz imborrable trasciende por esa naturalidad elevada, vibratos ceremoniales, anchos y lentos,  y un registro que rasga el silencio.

La velada comenzó con un saludo afectuoso: “Amigos, amigas, qué bueno que están aquí”. Pero la magia estalló cuando la armonía femenina, empoderando a las mujeres en el lugar,  hizo vibrar el escenario con aquella versión de “La Llorona”, ya patrimonio sentimental de Latinoamérica y ahora también de Mayabeque. Anita entornó los párpados. Ese tema oaxaqueño reveló la fusión del folclore y la memoria del arte de México con la espiritualidad cubana.

Canción tras canción, verbalizó melodías diversas durante casi dos horas de espectáculo al aire libre.

El regalo no fue solo su música, sino verla abrazar cada melodía, deambular  con la seguridad de quien reconoce su territorio como quien se siente en casa,  tras dos lustros.

Un detalle menor merece atención,  los amigos de la peña participan en cada interpretación. Corean, bailan, desbordan felicidad una y otra vez. Anita se debe a sus seguidores. Todos lo saben y por eso la arropan con ese cariño bien ganado.

Al concluir, estallaron aplausos y un “gracias” unánime. 

Mientras la plaza se vaciaba, Anita lanzó su invitación final con la misma naturalidad con que había abierto la tarde: “Vuelvan el tres de mayo. Los espero”, dijo con sus buenas vibras y esa cercanía artística que hace que sus seguidores siempre deseen regresar. (rda)

Yensy Rivera Rivera