Sembrar Futuro

Mayabeque, Cuba: La finca La Marina, ubicada en el municipio de Quivicán, ha sido durante años un espacio de trabajo constante, de tierra fértil y de sueños que se cultivan con la misma paciencia con la que se espera la lluvia. Pero este año, algo distinto germinó entre sus surcos: el tabaco, un cultivo que nunca antes había tenido presencia en este territorio y que hoy marca un antes y un después para la familia de Elvis García Valdés, productor y protagonista de esta historia.

Todo comenzó con una idea que brotó del corazón y la visión de una mujer: Aylín Pérez Hernández, esposa de Elvis. Fue ella quien, con la determinación que caracteriza a quienes no temen a los retos, propuso aventurarse en un cultivo nuevo, complejo y exigente. Su intención era clara: avanzar, diversificar, aprender y demostrar que en Quivicán también se puede soñar en grande.

Aylín no solo impulsó la idea; la defendió, la organizó y la acompañó paso a paso. Su liderazgo se convirtió en un ejemplo de empoderamiento femenino, de esa fuerza silenciosa pero firme que transforma realidades. ?Si no lo intentamos ahora, nunca sabremos de qué somos capaces?, recuerda Elvis que ella dijo una tarde, mientras caminaban entre los surcos recién preparados.

Desde entonces, la finca La Marina dejó de ser solo un espacio de trabajo para convertirse en un proyecto familiar donde cada mano cuenta y cada esfuerzo suma. El hijo, Elvis García Pérez, y su novia, Amanda Hernández Pérez, han sido pilares imprescindibles en esta aventura. Ambos jóvenes, llenos de energía y compromiso, asumieron el reto con la misma pasión que sus padres.

?Esto ha sido duro, pero nos ha enseñado más de lo que imaginábamos?, comenta Elvis hijo, mientras observa los cujes ya listos. ?Aquí uno aprende que la tierra responde cuando uno la respeta y la trabaja con amor?.

Amanda, por su parte, confiesa que nunca imaginó verse involucrada en el mundo del tabaco, pero hoy lo vive con orgullo: ?Ha sido una experiencia nueva, intensa, pero hermosa. Ver cómo algo que sembramos juntos crece y se convierte en un producto de tanta calidad es una satisfacción enorme?.

Una experiencia pionera en Quivicán

La siembra de tabaco en La Marina no es solo un logro familiar; es también un hito para el municipio. Es la primera experiencia tabacalera en Quivicán, y actualmente, la única. Esto ha despertado curiosidad, expectativas y, sobre todo, un acompañamiento institucional que ha sido clave para el éxito del proyecto.

La familia García Pérez ha contado con los beneficios y facilidades brindados por la Empresa Lázaro Peña. Además, han recibido el apoyo invaluable de la tabaquera Gloria, de San Antonio de los Baños, y de su hijo, quienes, con años de experiencia, no dudaron en compartir conocimientos, asesoría y hasta equipamientos.

?Sin ellos, este camino habría sido mucho más difícil?, reconoce Aylín. ?Nos han enseñado, nos han guiado y han estado ahí cada vez que surgía una duda o un problema?.

La colaboración ha sido constante, fluida y profundamente humana. No se trata solo de técnica, sino de solidaridad entre productores, de esa tradición campesina que entiende que el éxito de uno fortalece a todos.

Unidad, gobierno y comunidad

Uno de los aspectos más destacados de esta experiencia ha sido la articulación entre gobierno, partido, asamblea y productor, una relación que, lejos de ser formal, se ha convertido en un acompañamiento real y efectivo. La unidad de los trabajadores, la disposición de las instituciones y la voluntad de la familia han creado un ambiente donde el progreso se siente posible.

La escogida de Alquízar también ha jugado un papel imprescindible. Su apoyo ha nutrido a quienes apenas comienzan en Quivicán, ofreciendo orientación, respaldo técnico y un espacio donde el tabaco de La Marina encuentra el tratamiento adecuado para garantizar su calidad.

Productividad que sorprende

La familia sembró 2 hectáreas de tabaco Corojo 2020, un tabaco sol ensaltado, que está en casas de curado natural, siguiendo métodos tradicionales que exigen precisión, paciencia y dedicación.

El resultado ha superado todas las expectativas: 4150 cujes por hectárea o sea 8300 cujes en total  siendo una productividad elevada,  además de una calidad impresionante.

Para una primera experiencia, los números hablan por sí solos. Pero más allá de las cifras, lo que realmente emociona a la familia es la calidad del tabaco obtenido. ?Cuando vimos los primeros cujes listos, no lo podíamos creer. Era como ver un sueño hecho realidad?, cuenta Amanda con una sonrisa que mezcla orgullo y alivio.

Un camino duro, pero lleno de aprendizajes

Nada en este proceso ha sido fácil. El tabaco exige disciplina, conocimiento, vigilancia constante y un nivel de entrega que solo quienes aman la tierra pueden sostener. La familia lo sabe bien.

?Ha sido duro, muy duro, pero también ha sido una escuela para todos nosotros?, afirma Elvis padre. ?Cada día aprendíamos algo nuevo, cada error nos enseñaba, cada logro nos impulsaba a seguir?.

El hijo recuerda las madrugadas, los días de sol intenso, las noches revisando las casas de cura: ?Hubo momentos en que pensamos que no íbamos a lograrlo, pero aquí estamos. Y esto es solo el comienzo?.

Aylín, la mujer que encendió la chispa inicial, mira el resultado con la serenidad de quien sabe que el esfuerzo valió la pena: ?Lo más bonito es que lo hicimos juntos. Esto no es solo tabaco; es familia, es unidad, es futuro?.

Sembrar futuro: lo que viene ahora

La experiencia ha marcado un punto de partida. La familia ya piensa en nuevas siembras, en mejorar técnicas, en ampliar áreas y en seguir aprendiendo. Quivicán, gracias a ellos, ya no es un territorio sin tabaco; ahora es un municipio con potencial, con historia en construcción y con productores que han demostrado que los sueños también se cultivan.

La Marina no solo sembró tabaco. Sembró esperanza, sembró conocimiento, sembró futuro.

Y como dice Amanda, mientras observa el campo que ya se prepara para la próxima campaña:  ?Si esto fue nuestra primera vez, imagínate lo que viene después?. (Diario Mayabeque) (rda)