En mi infancia apenas podía explicarme cómo usted se las arreglaba para meter dentro de un aparato de radio a la tía Carmita, al abuelo reloj, a Nay, a la jutía Conguita?. y nada menos que a una jutía, con lo escurridizas que son.
No recuerdo exactamente el día en que escuché por primera vez su programa La Edad de Oro de Radio Jaruco, pero sí guardo la memoria de que me salió al paso como brisa mágica o un montón de fuegos artificiales, una tardecita cuando regresaba de la escuela.
¿Era usted aquel sonido que se desbordaba por las ventanas de la casa de una vecina para colarse, primero en mis oídos y después en mi corazón? Segurito que sí. En aquel momento quizás me detuve y simulé que tomaba una flor de un jardín cercano para seguir el hilo de la historia o tal vez, simplemente, comencé a flotar.
En casa no teníamos radio todavía, de modo que cada tarde afinaba el oído para captar o más bien, para vivir a retazos esos cuentos suyos de ensueños.
Y así, Marina, seducida por sus artilugios de maga fue como me atreví a soñar a la vista de todos. En ocasiones me llegaba solamente la música que anunciaba la despedida y entonces, es posible que me dedicara a armar alguna historia para aliviarme el desconsuelo.
Soñar no era una bobería, me lo decías de muchas maneras, con cientos de palabras y al compás de tantos sonidos, tantas lecciones, tantas alegrías.
No supe cómo eras realmente hasta que el mundo giró muchísimas veces y en un punto del camino usted se apareció con todo ese esplendor de artista brillando en un cuerpecito, que no era frágil, como lo supuse entonces.
Jamás imaginé, Marina, que la contemplaría construyendo esa suerte de regalo que es La Edad de Oro. Definitivamente, agradezco que usted sucediera en mi vida y en las vidas de los demás.
¿Quién quiere hablar de la muerte en medio de tanto renacer, querida amiga? Seguro usted ya advirtió que su nombre es un insuflo de inspiración o un pretexto para continuar tejiendo con los hilos del viento nuevos y mejores senderos a la infancia del mundo.
Ahora, cuando nuestra emisora Radio Jaruco está de cumpleaños regresas, maestra, como si nada, como si nunca te hubieses marchado. Y te alegras, lo sé, estás feliz de que la Edad de Oro siga floreciendo en otros brazos y otras voces.
Qué maravilla, que sigas aquí, andando los pasillos, inventando historias, festejando a los enanos. Cada vez que Radio Jaruco está de cumpleaños tu memoria se esparce y lo embellece todo. Los arcoiris y los zunzunes que tenías pegados en los ojos nos persiguen, no nos dejan quietos. Insisten. Quieren que sigamos creyendo, imaginando y amando. Sigue volviendo, hada Marina, la magia y todos nosotros te seguimos necesitando. (rda)
