Mayabeque, Cuba: El reconocimiento nacional al profesor Carlos Alberto González como Mejor Maestro Promotor de Lectura del municipio de Jaruco trasciende el ámbito de un merecido homenaje individual. Es, sobre todo, la confirmación institucional de una labor que es antídoto y fortaleza: la de formar lectores críticos, sensibles y permanentes en una generación acosada por la fragmentación digital y la inmediatez.
En las aulas del Instituto Preuniversitario Capitán San Luis, el profe Carlos no se limita a impartir un programa. Ejecuta, con paciencia de orfebre, una estrategia de conexión emocional e intelectual. Su mérito radica en haber comprendido que la promoción de la lectura en el siglo XXI no es una batalla de imposición, sino de seducción. Frente al dogma de la lista obligatoria, él opone el arte de la recomendación personalizada; contra la lección monológica, propone el debate donde la voz del alumno es esencial.
Este premio nacional debe leerse como un reconocimiento a una pedagogía de la relevancia. El profesor Carlos Alberto González actúa como un puente cultural: parte de los referentes de sus estudiantes a la canción, la imagen, la inquietud juvenil, para llevarlos a descubrir a José Martí, a Onelio Jorge Cardoso o a Gabriel García Márquez, no como nombres venerados y distantes, sino como interlocutores vivos de sus propias realidades. Así, la literatura deja de ser una asignatura para convertirse en una herramienta de autoconocimiento y de interpretación del mundo.
En un contexto social donde el hábito lector es un capital cultural decisivo, la labor de promotores como Carlos Alberto adquiere una dimensión cívica crucial. No se trata solo de crear buenos estudiantes, sino de formar ciudadanos con capacidad analítica, empatía histórica y un universo simbólico rico. Cada joven que descubre el placer de la lectura guiado por este profesor, gana un espacio de libertad interior y pensamiento propio.
Por ello, el galardón no es un punto final, sino una reafirmación del camino. Celebra a un maestro que, en vez de quejarse del desinterés de las nuevas generaciones, se ha dedicado a demostrarles que en los libros hay aventura, consuelo, preguntas poderosas y espejos en los que reconocerse. El mejor indicador de su éxito no es el diploma, sino el alumnado que hoy circula por los pasillos con un libro bajo el brazo, por voluntad propia.
El premio al profesor González honra, en definitiva, la idea de que la educación de excelencia pasa, inexorablemente, por despertar la pasión lectora. Y en Jaruco, hay un maestro que sabe cómo encender esa chispa. (Radio Jaruco) (rda)
