Apropiarse de la memoria de la patria y del legado que nos dejaron sus héroes y mártires es uno de los altos compromisos de los jóvenes cubanos continuadores de la obra de la Revolución.
José Martí es una de las figuras centrales y más brillantes de la historia de nuestra nación, el pensamiento de nuestro Héroe Nacional está vigente en las nuevas generaciones, porque no hace falta una fecha específica para recordar al Apóstol, el gran escritor y defensor de los valores humanos quien dirigió sus textos a todas las edades.
Sin embargo cada enero nuestros niños desfilan vistiendo diferentes atuendos, representando varios personajes de los cuentos de La Edad de Oro, Pilar con su aro, balde y paleta, el pequeño Meñique, o La muñeca negra o Bebé y el señor Don Pomposo, La mora, o El camarón encantado. Lo cierto es que todas las generaciones de cubanos cuando fuimos niños vivimos un desfile martiano.
Aprendemos a querer, conocer y respetar a nuestro apóstol también por sus versos sencillos, sus artículos del Periódico Patria, en los tantos libros que heredamos del gran pensador y más universal de todos los cubanos, encontramos el ejemplo de un ser humano digno y completo a quien admiramos y sentimos orgullo.
Amar a Martí fue una de las enseñanzas que trasmitió nuestro querido comandante en jefe Fidel Castro, el mayor martiano que ha existido, quien se inspiró en su figura para alcanzar la independencia y defender las conquistas de la Revolución Cubana, teniendo en cuenta sus ideas y principios sobre el mejoramiento humano, la importancia de ser honesto, sencillo, humilde, solidario, amar al prójimo, y defender nuestras raíces.
Decir Martí es decir independencia, justicia, amor a la patria, es decir historia, compromiso y continuidad, un fuerte legado de nuestros niños y jóvenes desde las organizaciones estudiantiles.
Desde cada rincón del archipiélago cubano, rendir homenaje a Martí cada 28 de enero, es reafirmar nuestros valores y principios revolucionarios, porque hoy nuestros jóvenes seguirán levantando su bandera, nuestra bandera, la más hermosa de todas. Y que mejor manera de hacerlo que en un desfile donde la sonrisa de nuestros niños es la mayor bendición, porque como bien escribió Martí: “Los niños son la esperanza del mundo”. (rda)
