Mayabeque, Cuba: Maydelín Hernández es una mujer melenera cuya personalidad se teje con sapiencia y sensibilidad. Licenciada en Educación en la especialidad de Historia y Máster en Trabajo Sociocultural Universitario, su léxico y dicción denotan elegancia y sabiduría.
Amante de la lectura y de las manualidades, su vestir revela un buen gusto que la distingue de lo común: atavíos plateados y colores sobrios que transmiten la imagen de una mujer empoderada. Pero la verdadera magia va más allá de lo físico y se adentra en su hogar, ese espacio íntimo que pocas veces refleja con tanta fidelidad a quien lo habita.
Hasta allí llegamos un grupo de trabajadores de la cultura, convocados por la galería de arte Casona Sur, para dedicarle el espacio En Silueta de Mujer.
El apartamento de Maydelín, Manuel y las jimaguas sorprende desde la entrada: plantas cuidadosamente alineadas, bailarinas convertidas en sonajeros y un pequeño portal que marca la diferencia.
Al adentrarse, se descubre una de las pocas viviendas en Melena del Sur donde la mayoría de los adornos son artesanales. La magia se manifiesta en sonajeros, atrapasoles, árboles y flores de la vida; en madera, botones, cuero, cristales, piedras y lámparas creadas con materiales reciclados, todo con un estilo vintage que evoca vitrinas de elegantes museos.
La organización, la limpieza y la vibra acogedora se mezclan con cristales recogidos en el mar, piedras de Jibacoa y velas aromáticas.
Un rincón especial es el pequeño taller de Mayde, donde pomos de cristal guardan cuentas, perlas y botones, tesoros que en otro contexto no cabrían en un baúl. Allí se revela la otra faceta de esta mujer distinguida: locutora, guionista, tutora, programadora cultural, madre y esposa, pero también artesana sensible, amante de las especias, los aromas y la naturaleza.
Maydelín entiende el significado de namaste, conoce la alineación de los chacras, el olor de los inciensos y la importancia de personalizar los objetos. Su luz se enciende en cada vela, en cada detalle que entrega a quienes la visitan.
Gracias, Maydelín, por demostrar que la magia puede florecer en medio de la crisis, que grandes cosas nacen de pequeños recursos, que el tiempo dedicado a las rosas, como dice El Principito, las hace valiosas y que lo esencial, eso, sigue siendo invisible a los ojos. (rda)










