En medio de reformas y nuevas disposiciones legales, resulta imprescindible redirigir la mirada hacia el proceso de bancarización para corregir distorsiones y hacer cumplir las normativas tanto para comerciantes como para clientes.

En medio de reformas y nuevas disposiciones legales, resulta imprescindible redirigir la mirada hacia el proceso de bancarización para corregir distorsiones y hacer cumplir las normativas tanto para comerciantes como para clientes.

El asunto no resulta menor cuando las estadísticas reflejan que más de 70 % de los trabajadores hoy cobran por tarjeta magnética y enfrentan serias trabas para adquirir artículos de primera necesidad. En las sucursales bancarias escasea el efectivo y, cuando aparece, se convierte en una competencia feroz por conseguirlo.

Hay quien permanece en el portal de las instituciones por días sin poder llegar a la caja. Otros hacen la cola diario, para de mil en mil llegar al monto del aceite o el arroz. En no pocas ocasiones los billetes disponibles suelen ser de baja denominación y en determinados comercios no los aceptan.

Aunque el Banco Central de Cuba emitió un llamado urgente y de estricto cumplimiento ante las crecientes quejas de la población por la negativa de algunos vendedores privados a recibir papel moneda de 5, 10 y 20 pesos, la situación persiste.

En un reciente trabajo periodístico, una representación de trabajadores por cuenta propia y titulares de Mipymes de Jaruco explicaron las razones de su rechazo a las transferencias. La causa principal radica en que los mayoristas se reusan a recibir pagos de esa forma y solo aceptan billetes de 200 en adelante. Es ese gran proveedor quien rige las reglas del mercado privado.

El resultado son familias con pocas alternativas para adquirir productos básicos y, al mismo tiempo, un terreno fértil para la especulación. Quienes logran acceder al dinero físico lo revenden con sobrecargos de hasta un 35 %, o sencillamente el comerciante se ve obligado a subir los precios.

Se presenta así una disputa entre quienes ofrecen servicios y los consumidores, cada cual defendiendo su postura desde su realidad. Unos exigen respeto a las normas, otros se debaten entre la legalidad y la necesidad de abastecerse.

Todo ocurre en un contexto marcado por la inflación desmedida, la volatilidad del dólar, las dificultades para realizar operaciones interbancarias de BANDEC a BPA o viceversa, los prolongados apagones que afectan la conectividad y, por ende, el funcionamiento del Transfermóvil.

Las tensiones aumentan y con ello el descontento, compradores que reciben negativas o soluciones a medias, dígase una parte por transferencia y otra en efectivo, y actores económicos en el ojo del huracán y bajo el cuestionamiento público.

La confrontación actual, con posturas opuestas amenaza con profundizar la discordia. Tirar de la soga en direcciones contrarias solo genera fricción y un quiebre difícil de reparar. Urge rediseñar las reglas del juego para encontrar un punto medio entre los intereses de proveedores, suministradores y clientes, y así garantizar un mercado ordenado donde pagar no sea un calvario ni motivo de malentendidos entre las partes. (IVP)

Nileyan Reyes Miranda

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