Cuando se tropieza con la maravilla

Yosnel Salgueiro ha dado con un tesoro. El psicólogo y escritor de Mayabeque, lo ha explicado en las redes.

De pequeño, -me comentó- recuerdo aquellos libros de bolsillo que salían en revistas y publicaciones periódicas y que mi mamá recortaba y cosía. Ahí conocí las historias de las Mil y una noches, los cuentos de los hermanos Grimm y Perrault, las aventuras del Rey Monochino y otros. En la escuela entré en contacto con la obra de Herminio Almendros, cuyos Oros viejos están aún entre mis predilectas. Me pregunté si Cuba no tendría historias de magia, fantasía, transformaciones y héroes antillanos. Años después, José Martí, Onelio Jorge Cardoso y Samuel Feijóo me demostraron que sí. Entonces descubrí a Toribio Riverón, portento creador que, como hombre de pueblo, caminó Melena del Sur contando historias fabulosas”.

Yosnel, fascinado con esos cuentos que aún recuerda la gente, los ilustró (con Inteligencia Artificial (IA), todavía lejos de la cubanía) y publicó en Facebook con buena acogida.

-¿Cómo combinar el folclor con el universo digital del siglo XXI? Amigos o enemigos.

– Las nuevas tecnologías, las redes sociales y los avances tecnológicos de última generación, así como la industria del entretenimiento, pueden ser un instrumento de enajenación y embrutecimiento de las masas; pero también una herramienta extraordinaria para su alfabetización cognitiva y emocional. Por ejemplo, hace solo unos años, tuve la idea de llevar a cortos animados algunas historias de Toribio, como rescate de la obra de los cuenteros populares. Para lograr dicho sueño, necesitaba, además de la coordinación de varios artistas, conseguir un presupuesto responsable. En la actualidad, y gracias a la existencia de la IA para ilustrar, musicalizar, poner voz, realizar guiones y videos animados, solo se necesita aprender a utilizar correctamente estas tecnologías; por tanto, los avances de la ciencia no tienen por qué oponerse a las tradiciones, sino que pueden ser un maravilloso vehículo para su conservación y difusión atractiva. ¿Habrá cosa más parecida a la magia que la tecnología?

Y asegura que la imaginación, la inteligencia y el saber son los alimentos de esa segunda hambre de que hablara Onelio, para las presentes y futuras generaciones.

-Pero, ¿Merece Mayabeque rescatar su tradición oral tan olvidada y en enorme peligro de extinción?

-Sí, -respondió sin vacilar-, muchísimo puede hacerse al respecto: desde el levantamiento y rescate de toda esta maravilla oculta, hasta proyectos, ideas y propuestas inteligentes y atractivas para su adecuada divulgación y promoción. El pueblo lo merece: existe mucha maravilla por descubrir en los archivos orales de nuestros campos y ciudades.

Y para demostrar el tesoro que Toribio lanzó al viento, Yosnel pone en su perfil de Facebook relatos como estos:

Cuestión de hormigas

Toribio, que vivía en el asentamiento La Luisa, estaba en el portal de su casa y comenzó a mirar fijamente la torre de la Teresa (antiguo central de Melena del Sur), que se encontraba a unos cuantos metros de allí, hasta que le comenta al compañero que tenía al lado:

– ¿Te has fijado en la cantidad de hormigas que están subiendo por la torre?

El vecino, que al parecer era tan cuentero como Toribio, le contesta:

-No chico, no las veo bien porque me falla la vista, pero por lo menos estoy oyendo sus pasos.

Dando la hora

Una fresca mañana, Toribio salió al monte a cortar leña y cuando se disponía a comenzar la faena, sus compañeros le aconsejaron que se quitara el reloj porque lo podía estropear accidentalmente; así que Toribio lo colgó de un pinito cercano y puso manos a la obra. Buscando los mejores árboles para talar fue cambiando de un lugar para otro hasta que perdió completamente de vista el reloj. Como ya estaba oscureciendo no tuvo más remedio que irse y darlo por perdido. Años después volvió a pasar por el mismo sitio en busca de leña para hacer un horno y de repente escuchó algo que sonaba y se dijo: Caramba, por aquí fue donde yo perdí mi reloj, y comenzó a buscarlo afanosamente. ¿Dónde estará, dónde estará? se preguntaba. Cuál no sería su sorpresa cuando al mirar hacia arriba vio en lo alto de un pino su reloj enganchado. Era el pinito que había crecido con el reloj colgado. Subir, coger el reloj y ponérselo fueron una misma cosa. Pero lo más interesante es que el reloj seguía dando la hora exacta: no se había atrasado ni un segundo.

La lechoncita glotona

Cuenta Toribio que tenía una lechona a la que quería muchísimo, porque era una madre excelente y siempre paría 10 puerquitos o más; pero tenía un defecto: era extremadamente glotona y comía casi cualquier cosa que tuviera a su alcance. En cierta ocasión, la cerda estaba preñada y tenía más hambre que de costumbre. Toribio sacó una soga para arrear su caballo, la puso cerca del corral y fue a tomarse un cafecito. Al regresar, no había rastro de soga por ninguna parte. Buscó y buscó, pero la soga no aparecía. Meses después, la puerca parió diez cochinitos que fueron naciendo uno tras del otro, enlazados por una soga. Solo entonces Toribio comprendió lo sucedido. (rda)

Omar F. Mauri