Palabra que huele a flor

Elevar la décima al rango de principal manifestación de cultura campesina, es ignorar la creatividad y talento de nuestra gente de campo. ¿Cómo no apreciar los múltiples géneros de la oralidad (especialmente narraciones y refranes), las manifestaciones de un teatro original como las creaciones de las artes visuales ligadas a las necesidades del hogar, el vestir y el trabajo…? Hay un universo imposible de ignorar, un sinfín de tradiciones enriquecidas y estudiadas por eminentes intelectuales como nuestro Ramiro Guerra o el poeta, escritor y folclorista Samuel Feijóo, entre muchos.  

A la par del repentismo, merecemos un palacio de artes campesinas para esos luthier de tres, laúdes, maracas y güiros, tejedoras de cestas y crochet, talabarteros de calzado y monturas como joyas, ceramistas de porrones y tinajas, hacedores de taburetes sin muerte, guayaberas y batas como obras de arte, así como narradores de leyendas, cuentos, anécdotas, chistes, experiencias personales o grupales, memorias pueblerinas, cuentos de humor, erotismo, absurdo y misterio (fantasmas, aparecidos, monstruos y figuras mitológicas, desde güijes a madres de agua…), anécdotas de personajes populares y relatos de inspiración histórica sobre héroes, mártires o acontecimientos de la Colonia, la República o de las luchas revolucionarias en diversos períodos.

Décima y cuento se dan la mano. Es bien curioso que el 21 de marzo se festejen el Día de la Poesía y de la Narración Oral.

Bien lo comprenden nuestros narradores orales, en especial del grupo Tacon.

El cuento está en el mapa genético del cubano. Tradiciones hispanas y africanas lo juntaron por igual.

Aquel Juan Candela, que creó Onelio Jorge Cardoso en El Cuentero, pudo ser también improvisador y “guitarrero”, como herencia de El Cucalambé o como José Manuel Carballido Rey, el guajiro güinero que llevó a tantos espacios televisivos (por ejemplo, San Nicolás del Peladero)anécdotas y personajes de nuestros campos.

A propósito de cultura y campo, mucho nos queda por hacer para legitimar, estudiar y promover las tradiciones y creaciones del campesino cubano.

Mayabeque posee un rico acervo popular que inspira el presente y proyecta el futuro y debemos recopilarla y estudiarla. Nuestra universidad y otras instituciones ofrecen espacio formidable para las ciencias que las estudian: Filología, Antropología, Arqueología, Historia y tantas disciplinas que arrojarían luz dentro de nosotros mismos, sobre lo que somos y seremos.

La tan traída y llevada identidad no es un enigma a descifrar, sino fuerza que nos integra y nos hace abrazar lo nuestro. En ello, Mayabeque lleva más ventajas que carencias. (Diario Mayabeque) (rda)

Omar F. Mauri