“Los niños son la esperanza del mundo”

Mayabeque, Cuba: La educación de la primera infancia es el cimiento sobre el cual se construye el futuro de cada niño. Es en esos primeros años donde se despierta la curiosidad, se fortalece el lenguaje y se aprende a convivir.

En Melena del Sur, la Casa Cuidadora o también conocida como la casa de la seño Moraima, es un espacio lleno de ternura y aprendizajes, donde los pequeños se enriquecen con experiencias que los preparan para la vida.

Como en las instituciones educativas, allí, la rutina es un camino de descubrimientos: la gimnasia matutina activa sus cuerpos, las actividades sobre el mundo natural y social les enseñan a observar y comprender, el contacto con los objetos les ayuda a explorar, mientras rasgan papeles, modelan plastilinas, dibujan y juegan. Todo está pensado para estimular la creatividad, la concentración y la comunicación, pilares esenciales en esta etapa.

Además, el vínculo con las instituciones culturales del municipio enriquece aún más la experiencia: los niños ya distinguen con alegría la llegada de la maestra del Museo y la de la galería, aprendiendo que el arte y la historia también forman parte de su mundo.

Moraima Carrasco Rodríguez, quien desde 1997 ha dedicado su vida a la educación infantil, reconoce con lágrimas de emoción que “la primera infancia es una etapa bella, donde el niño aprende, desarrolla el lenguaje y socializa”. Su entrega es constante: comenzó como auxiliar pedagógica, transitó por el programa Educa a Tu Hijo, fue maestra, trabajó durante 14 años en el círculo infantil Amanecer y hace una década convirtió parte de su hogar en esta casa cuidadora.

Agradece el apoyo de las familias, a quienes reconoce como esenciales en la educación de los hijos. Aunque en esta ocasión, hace un llamado de atención sobre el uso desmedido de celulares y tabletas, pues según su experiencia, afectan la concentración y el desarrollo del lenguaje.

La celebración del 10 de abril, fecha en que hace 65 años se constituyeron los círculos infantiles, fue un reflejo de esa unión entre familia y educación. Desde temprano, niñas y niños llegaron vestidos de peluqueras, jardineros, campesinos, médicos, enfermeras y militares, mostrando la diversidad de oficios y profesiones que forman parte de la sociedad.

Ana Elena Castillo Frías, madre de Nolan, un niño de 4 años, reconoce como trascendental el cambio experimentado por su hijo, quien cada tarde regresa a casa con nuevos aprendizajes. Belkis Rodríguez Herrero, orgullosa de ver a su nieta Arlee vestida de militar, agradece la dedicación de la educadora y celebra los avances de la pequeña en la amistad y la convivencia. Yenis Castillo Oramas, mamá de Valeria, la más pequeña del grupo, sonríe al verla disfrazada de enfermera y feliz de compartir juegos con sus compañeros.

La casa cuidadora de Melena del Sur es un espacio donde se cultivan sentimientos, valores y conocimientos que acompañarán a las niñas y los niños toda la vida. (rda)

Naivys Martínez Mirabal