El martes, durante mi recorrido periodístico por las escuelas de Jaruco en el inicio del curso escolar, escuché a un grupo de padres afirmar con orgullo: “Qué clase de gente somos los cubanos”.
Y sí, el martes fue uno de esos días en los que demostramos, una vez más, que somos una especie distinta. Gente curtida en el arte de reinventarse cada mañana, de sacarle brillo a lo mínimo y convertir la escasez en dignidad.
Busqué con ojo crítico entre los estudiantes y no encontré, ni siquiera, una camisa sin planchar. Todos estaban impecables: uniformes limpios, peinados cuidados y, en los casos donde no se pudo tener el uniforme reglamentario, los muchachos vestían ropas acordes a la ocasión, con el respeto que la fecha merece.
Este pueblo es resiliencia pura. El paisaje del inicio de curso en Jaruco parecía ajeno a los largos apagones, a los extendidos ciclos del agua, a los altísimos precios y al deprimido poder adquisitivo de nuestro salario.
¿Y cómo lo logramos?
La familia cubana tiene muy claro que la educación es sagrada y que nuestros niños son la prioridad absoluta. Padres, tíos, abuelos…todos se reinventan, aportan, consiguen. Todo, menos permitir que nuestros hijos no vayan a la escuela o que lo hagan sin el decoro que merecen.
Y a esta voluntad inquebrantable se suma el disciplinado y consagrado ejército que forman los trabajadores de la educación, esos que con pocos recursos hacen de cada escuela un templo del saber.
Pues sí, estoy totalmente de acuerdo con esos padres. Qué clase de gente somos los cubanos. Porque al final, la verdadera riqueza no está en los recursos que nos faltan, sino en el amor y la responsabilidad que nos sobran.
La felicitación sincera, en primer lugar, a las familias, por no descuidar jamás a sus niños. A jóvenes como Luisito, el director de Educación en Jaruco, por su valentía y entrega diaria. A docentes de valía como Annia, directora de la escuela Raúl Hernández, que en representación de todos los colegas del municipio condujo el acto de bienvenida con tanta calidez. Al profe Lugo, símbolo de esos maestros de corazón que no se cansan a pesar de los años y las adversidades.
Y a nuestras autoridades, que a pesar de las limitaciones, saben bien que la educación es nuestra conquista más sagrada y el pilar que sostiene el resto de nuestros sueños.
Por eso, desde Jaruco, levantamos la voz para repetirlo: qué clase de gente somos, qué pueblo y qué orgullosos de ser cubanos. (IVP)
