Mayabeque, Cuba: Cuando el melenero Osvaldo González Ruiz se graduó como médico, soñaba con especializarse en Pediatría. Sin embargo, su camino profesional lo llevó a escenarios muy distintos.

Tras prestar servicios médicos en el Oriente cubano, cumplió misión en una zona de guerra en Nicaragua. Allí, su labor consistía en clasificar a los heridos: determinar quiénes habían fallecido, quiénes estaban graves y quiénes tenían posibilidades de sobrevivir. Esa experiencia lo acercó de manera decisiva al mundo de la medicina forense.

De regreso a Cuba, Osvaldo se formó como Especialista en Medicina Forense, disciplina que une la ciencia con la justicia. Como médico legista asumió numerosos casos en la antigua provincia La Habana y, posteriormente, en Mayabeque.

Palabras como autopsia, muerte, cadáveres, asesinatos y evidencias se convirtieron en parte de su vocabulario cotidiano. Su trabajo fue esencial para esclarecer hechos y garantizar que la verdad saliera a la luz en los procesos judiciales.

Más allá del rigor científico, Osvaldo aplicó técnicas que le permitieron la reconstrucción de cadáveres. En múltiples ocasiones dedicó largas horas a reconstruir rostros a partir de una simple foto de carnet, con el propósito de ofrecer un poco de alivio a los familiares en medio de la tragedia.

La tanatopraxia y la tanatoestética también formaron parte de su quehacer, permitiendo que los velorios se realizaran en condiciones dignas. No fueron pocos los meleneros que, ante la pérdida de un ser querido, decían: “Hay que buscar a Osvaldo el forense para que lo prepare”. Su disciplina y conocimientos le ganaron el respeto y la admiración del pueblo.

El tiene claro un principio que repitió en varias ocasiones: “Donde empieza el deber, termina la amistad”. Con esta frase resume la imparcialidad que debe caracterizar a un médico legista, alguien cuya misión es contribuir a esclarecer hechos y revelar la veracidad de las causas de muerte.

A pesar de la dureza de su oficio, es un hombre sensible. Ante la pregunta de qué es la muerte, respondió: “Es el cambio entre un ser vivo y un ser no vivo, pero que continúa siendo un ser y merece respeto porque duele”. Palabras que reflejan su humanidad, respeto hacia la profesión y empatía hacia los familiares.

Hace aproximadamente cuatro años dejó de ejercer la profesión, consciente de que son tiempos difíciles para tan ardua labor. Sin embargo, la huella de su trabajo perdura en su pueblo. Su trayectoria demuestra que la medicina forense además de ciencia y justicia, también es sensibilidad y respeto por la vida y la muerte.

El doctor Osvaldo González Ruiz representa la unión entre el rigor científico y la empatía humana, un ejemplo de compromiso social y profesional que merece ser reconocido. (YSCM)

Naivys Martínez Mirabal