TDAH: observar sin prejuicios y acompañar a tiempo. Foto: Yuliet Romero.

Mayabeque, Cuba: Por estos días, las redes sociales están inundadas de publicaciones acerca del llamado TDAH. Esto ocurre porque octubre es el Mes Internacional de Concientización sobre el Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad.

El contenido de los mensajes va principalmente dirigido a padres y maestros, porque nosotros somos los primeros ojos. No los diagnosticadores, pero sí los observadores de la conducta de nuestros niños en primera línea.

El TDAH no es el niño que te saca de quicio porque no se está quieto, porque no para de hablar o por el contrario es lento, pero no entiende órdenes largas. Esta es una condición del neurodesarrollo que puede manifestarse en tres áreas: inatención, hiperactividad e impulsividad.

La invitación es clara: informarnos, observar sin prejuicios y buscar ayuda a tiempo porque muchas veces los rasgos del Trastorno Atencional con o sin hiperactividad son confundidos con mala crianza, vagancia, indisciplina o falta de respeto.

¿Qué señales notar?

En casa podemos tener un niño que no termina las tareas, que pierde útiles y juguetes, que parece no escuchar cuando se le habla, que olvida rutinas, se mueve constantemente, interrumpe o estalla con facilidad.

En la escuela uno de los signos más evidente es la dificultad para mantener la atención, el estudiante se distrae con cualquier estímulo, habla de más, no respeta turnos, se levanta del puesto o comete errores por descuido.

No se trata de un día malo ni de una etapa. Hablamos de un patrón persistente, que aparece en más de un contexto, que interfiere en el aprendizaje, la convivencia o la autoestima.

Y aquí es donde la campaña de octubre tiene sentido. Nació para visibilizar, reducir el estigma y promover el diagnóstico oportuno.

Porque demasiados niños son regañados por síntomas que no pueden controlar. Porque muchas niñas pasan desapercibidas por ser más inatentas que hiperactivas y en ellas el diagnóstico puede ser más difícil. Porque hay adultos que crecieron creyendo que eran “flojos” o “problemáticos”. Y porque un diagnóstico a tiempo no es asunto de poner una etiqueta, es un mapa de apoyos y la vía para la inclusión.

Tener en la casa o en el aula un niño neurodivergente no es tarea fácil y la cuestión no está en castigar los síntomas, sino en acompañar y apoyar con infinito amor.

Si sospechan, no etiqueten, no aíslen, no griten. Observen, registren, conversen y busquen ayuda profesional.

Octubre es una oportunidad para que padres y maestros cambiemos la historia de muchos niños. Porque cuando la casa y la escuela comprenden, el Trastorno Atencional deja de ser un problema y empieza a ser un camino con apoyos. (YSCM)

Yuliet Romero