Mayabeque, Cuba: Hoy ponemos la mirada sobre el colchón de la lucha grecorromana para hablar de un joven talento que honra con creces el prestigio de nuestra escuela deportiva: Kevin de Armas, un gladiador camagüeyano de nacimiento, pero que actualmente reside en Jaruco y defiende los colores de nuestra tierra.
A base de esfuerzo y proyecciones impecables, el luchador cubano se ha abierto paso en la élite internacional. Lo vimos brillar con luz propia en los Juegos Centroamericanos y del Caribe San Salvador 2023, donde obtuvo la medalla de oro en la división de los 60 kg, y en los Juegos Panamericanos de Santiago de Chile 2023, donde conquistó la plata en la misma modalidad. Recientemente lo vimos colgarse el oro en el Campeonato Panamericano de Luchas Coralville 2026 y, poco después, demostró su jerarquía absoluta como bicampeón en los Juegos Centroamericanos y del Caribe de Santo Domingo 2026.
Cada uno de esos escenarios ha sido testigo de su sed de gloria. Sin embargo, el deporte de alto rendimiento nos enseña que el camino de un campeón no es una línea recta hacia el podio.
En el Campeonato Mundial de Luchas de Astaná 2026, que se celebra actualmente, las cosas no salieron como dictaban los pronósticos iniciales y Kevin cedió en los primeros combates de la ronda de clasificación.
Ante esto, vale la pena detenernos y cambiar la perspectiva. En el rigor de un Mundial, donde convergen los mejores exponentes del planeta, regresar sin una presea colgada al cuello no significa una derrota. La verdadera victoria, esa que a veces las medallas no alcanzan a medir, comienza mucho antes: en el talento inmenso que se necesita para ganarse el derecho de representar a toda una nación, en el sacrificio diario de los entrenamientos y en la valentía de plantarse en un escenario mundialista en Kazajistán.
Miles de atletas sueñan con ese momento y quedan en el camino. El simple hecho de estar ahí, codeándose con la élite global gracias a su propio esfuerzo, ya es un triunfo monumental. Las medallas son efímeras, pero el honor de llegar, competir con dignidad y seguir creciendo pertenece solo a los valientes.
Para Kevin de Armas, este capítulo no es un final, sino un escalón más en su rica historia deportiva, que solamente acaba de comenzar. El relevo generacional de la lucha cubana está en las manos de un deportista que, como su nombre lo indica, es “de Armas” tomar. (Radio Jaruco) (rda)




