Opinión

“No descansaremos hasta poner nuestro país en el orden militar, en condiciones que aquel que intente apoderarse de nosotros, aquí solo encontraría un desierto, porque nuestra máxima será la de Antonio Maceo: quien intente apoderarse de Cuba recogerá el polvo de su suelo anegado en sangre si no perece en la lucha”.

Mayabeque, Cuba__ En la Revolución Cubana tienen los pueblos de la América toda y otras latitudes un referente de la lucha por las causas sociales. Esta isla del Caribe crece con el espíritu multitudinario de un pueblo que, por más 50 años liderado por Fidel,  impulsa numerosos programas aquí y en naciones amigas.

Solo un hombre fue capaz de visualizar el significado de aquel 2 de diciembre de 1956, cuando desembarcaron por Las Coloradas los 82 expedicionarios del Yate Granma, guiados por Fidel Castro Ruz, joven rebelde que tras el triunfo del primero de enero de 1959 se convertiría en líder absoluto de Cuba libre y faro de justicia para el mundo entero.

Muchos pensaron que aquellos 82 hombres sería un sueño, pero solo Fidel tuvo la convicción de que si salían llegaban, si llegaban entraban y si entraban triunfaban. Nada ni nadie pudo detener aquel pequeño ejército, escaso de armas municiones y alimentos, en su camino hacia la victoria.

Pasados unos minutos de la primera hora del 25 de noviembre de 1956, bajo la lluvia fría, el yate Granma, comenzó a navegar por las aguas del río Tuxpan; debía burlar la vigilancia del faro y un puesto naval de la marina mexicana existente en la salida al mar abierto.

El desembarco del yate Granma, el 2 de diciembre de 1956, sentó las bases para el reinicio de las luchas revolucionarias por forjar una sociedad que realmente trajera los beneficios sociales para un pueblo, sometido por décadas a gobiernos corruptos y desleales a los intereses nacionales.