Rubén Martínez Villena, vida corta, legado eterno

Rubén Martínez Villena. Foto: Archivo

La muerte lo sorprendió el 16 de enero de 1934, en La Habana. Era abogado, escritor, pero ante todo era revolucionario.

Desde los 11 años se reveló como poeta, aunque no fue reconocido como tal hasta los 21 años, en el transcurso de su carrera universitaria. Esta vocación le facilitó en el año 1923 redactar la Protesta de los 13, en representación de un grupo de intelectuales de izquierdas que protestaban contra la corrupción del gobierno en turno.

A partir de ese momento se enfrentó abiertamente al gobierno de Gerardo Machado, a quien llamó asno con garras y marchó a los Estados Unidos para prepararse en su lucha contra la dictadura.

En 1932 los médicos del sanatorio donde ingresó en la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS), le hicieron saber  que no sanaría, por lo que decidió regresar otra vez a Cuba. Posteriormente, nació su hija Rusela.

Su actitud ante la poesía se había transformado a la par de su entrega a la causa revolucionaria. Así se lo confesó al amigo Raúl Roa: “Mi visión del mundo ha cambiado. Sin embargo, amo la belleza aún más que antes. Pero ahora sé que sin justicia y pan, la belleza es un remordimiento, un gravamen de conciencia… Por eso he consagrado mi vida a luchar por la justicia, el pan y la belleza… No haré un verso más como esos que hice hasta ahora. No necesito hacerlos ¿Para qué? Ya yo no siento mi tragedia personal. Yo ahora no me pertenezco. Ya ahora soy de ellos (de los obreros, de los humildes) y de mi Partido”.

La persecución del gobierno de Machado arreció y a su regreso a Cuba  tiene que permanecer escondido.

El deterioro creciente de salud no le impidió dirigir desde su lecho de enfermo las reuniones del Partido y organizar el IV Congreso Nacional Obrero de Unidad Sindical, durante cuyas sesiones falleció el 16 de enero de 1934.

Acerca de su muerte y su funeral, él en forma satírica, afirmó en  su obra Canción del sainete póstumo:

Yo moriré prosaicamente, de cualquier cosa
¿del estómago, el hígado, la garganta, ¡el pulmón!?
Y como buen cadáver descenderé a la fosa
Envuelto en un sudario santo de compasión.
Aunque la muerte es algo que diariamente pasa
Un muerto inspira siempre cierta curiosidad;
Así, llena de extraños, abejeará la casa,
Y estudiará mi rostro toda la vecindad.

0 0 0

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Custom HTML