Ya no soy el mismo

“Sin duda volvería a zona roja. Ahí estaré si me necesitan”, reafirma el doctor Javier. Foto: Cortesía del Autor.

Tras haberse contagiado con el coronavirus y haber atendido a pacientes positivos, el doctor güinero Javier Corzo del Toro refiere sus experiencias.

Cuando el doctor Javier Corzo del Toro tomó el juramento hipocrático y concluyó sus estudios universitarios, no era capaz de imaginar que algunos años después una pandemia como esta de COVID-19, pondría a prueba toda su capacidad, su vocación y los conocimientos no adquiridos en la academia.

La vida le cambió un 24 de abril. Dos días antes se había sometido a un examen de reacción en cadena de la polimerasa (PCR, por sus siglas en inglés), que lo confirmó como positivo a una enfermedad tan terriblemente contagiosa.

-Doctor, ¿cómo se contagió?

-Yo trabajaba como médico cuando se inauguró por primera vez la Facultad de Ciencias Médicas Gilberto Arocha como centro de aislamiento. En ese entonces, teníamos una guardia de 24 horas y descansábamos 72 horas.

“Al cumplir el tiempo reglamentario nos hicieron un PCR y el 24 de abril me llamaron para comunicarme el resultado positivo, que derrumbó todo para mí, pues me preocupaba mucho no solo el haberme contagiado yo, sino la posibilidad de infectar a alguien de la familia”, comentó el joven güinero de 32 años.

-¿Qué protocolo se siguió con usted y sus contactos?

-A partir de ese momento fueron aisladas todas las personas que habían tenido contacto conmigo. Mi familia fue internada en el campismo Los Cocos y yo fui remitido al Hospital Doctor Luis Díaz Soto (Naval).

“En esa institución recibí tratamiento con interferón, kaletra y cloroquina durante 14 días, hasta que el PCR arrojó un resultado negativo y fui dado de alta hospitalaria, aunque me mantuvieron una vigilancia epidemiológica por 14 y también el tratamiento con kaletra e interferón”.

-¿Cómo describiría la atención médica recibida?

-En ese hospital todos los días los galenos nos visitaban en la mañana y en la tarde el personal de enfermería. En la jornada matutina nos tomaban los signos vitales y cumplían con el tratamiento indicado por el médico.

“El resto del personal que trabajó en el hospital al menos durante ese tiempo que permanecí allí tuvo una atención esmerada con nosotros los pacientes, en medio de todas las limitaciones de insumos y los elevados índices de contagio de la enfermedad. A ellos les debo el estar aquí hoy y cuentan con toda mi gratitud”.

-Esta es una patología que provoca secuelas en aquellas personas que la padecen. ¿Cuáles le ha causado a usted?

-El miedo es la mayor secuela que puede dejar la enfermedad, o sea, volver a enfermar. Ha cambiado la forma de ver la vida. Solo con el apoyo familiar y de mis compañeros de trabajo pude salir del «bache».

“El insomnio es otra de las secuelas al igual que la caída de pequeñas porciones de cabello. Desde el punto de vista físico, cuando camino tengo que descansar porque me falta el aire y, si monto bicicleta o subo una escalera, pues me canso con mucha facilidad. No soy el mismo”.

-Además de haber padecido la enfermedad, usted trabajó en zona roja…

-Sí. Cuando se acondicionó la Facultad de Ciencias Médicas, era para contactos de casos confirmados a los cuales se les realizaba el PCR al quinto día como dictan los protocolos. Muchos de esos pacientes cambiaban la condición de contacto a positivos una vez que se confirmaba por el estudio de PCR.

“Recuerdo que la primera paciente positiva que tuve fue una niña de 8 años con la que, casualmente, coincidí durante mi estancia en el Hospital Naval. A día de hoy, su mamá me llama por teléfono o me escribe para agradecer la atención brindada a su pequeña. Eso me reconforta muchísimo”, evoca el actual director del policlínico docente Luis Li (más conocido como policlínico norte).

-¿Cómo enfrentar ese miedo al contagio del que hablaba hace unos instantes para ayudar a esos pacientes que necesitaban de usted?

-El temor al contagio siempre va estar ahí, pero nosotros, como profesionales de la salud, debemos poner por delante esa vocación curativa y entender que hoy tratas a ese paciente, pero mañana puede ser un familiar tuyo quien requiera los cuidados. Hay que poner siempre el mayor empeño para que todo salga bien, salvar vidas a como dé lugar y transmitir a esa persona seguridad y confianza de que todo terminará bien, aunque, dolorosamente, a veces no sea así.

-Doctor, un mensaje para la población de la provincia ante la actual situación epidemiológica de Mayabeque…

-A la población que se cuide, pues aun cuando se ha comenzado el proceso de vacunación y de todo el esfuerzo que lleva a cabo el sistema de salud (con déficit de medicamentos y de insumos médicos) no hay mejor manera de prevenir el contagio que la responsabilidad individual y colectiva.

“Mantener el distanciamiento social, usar el nasobuco y desinfectar superficies y manos. Ahí está la clave para poder ganar esta pandemia y que no les quede duda q pronto llegará a su fin porque para eso está el empeño de todo un país”, sostuvo este héroe de bata blanca que sigue dando la batalla diaria por la salud del cubano. (BSH)

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Darian Bárcena Díaz

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