Mayabeque, Cuba: En el municipio de Melena del Sur, Olivia Rodríguez Hernández ha dedicado cuatro décadas de su vida al cuidado de niños y niñas  de la Primera Infancia. Una noble tarea que requiere paciencia, amor y dedicación. En el hogar de la seño Olivia, generaciones de meleneros han encontrado un espacio seguro para que sus hijos jueguen y aprendan.

Su labor va más allá de la rutina diaria: es un compromiso que se extiende a las familias. Dayani Álvarez Piloto, madre de la pequeña Ana Alejandra, de 4 años, agradece profundamente la atención de Olivia, quien se preocupa por los niños incluso fuera del horario de cuidado.

Las mañanas en la casa cuidadora comienzan con disciplina y alegría. Los pequeños llegan temprano, cantan el himno nacional y realizan la gimnasia matutina antes de iniciar sus juegos y actividades.

Cada niño encuentra la forma de expresarse: Gaby declama y canta con entusiasmo; Erick se divierte en la granja de juguetes; mientras Valentina, Desirek, Nasly y las dos Paola recrean viajes a la playa en una guagua soñada o disfrutan de la pelota. Jeremi, serio y atento, observa con concentración mientras aprende.

En ese universo infantil, Olivia es guía y compañía. Su amor por los niños, la familia y las plantas se entrelaza en una vida dedicada a sembrar futuro. Con su ejemplo demuestra que educar en la primera infancia es un gesto de infinito cariño y que los niños, como decía Martí, “son los que saben querer”.

La casa cuidadora articula con las instituciones  del municipio, lo que facilita que se realicen actividades organizadas por el Museo municipal, la Galería de arte, entre otros espacios culturales.

Con este homenaje a la seño Olivia, llegue un reconocimiento a todas las mujeres que, desde sus hogares, convierten la cotidianidad en un espacio de aprendizaje y afecto.

Naivys Martínez Mirabal