Silvia Sotolongo Hernández, natural de Pinar del Río, llegó a Melena del Sur junto a su familia en el año 2000. Su vida profesional comenzó mucho antes, en 1988, cuando inició como profesora de Química, labor que continúa incluso después de su jubilación. Gran parte de su trayectoria la dedicó a los institutos preuniversitarios, y también cumplió misión internacionalista en Guinea Ecuatorial, donde dejó huella de su vocación docente.
Aunque su especialidad es la Química, Silvia nunca titubeó ante el reto de impartir asignaturas como Biología y Geografía, demostrando versatilidad y compromiso con la enseñanza.
Imitando la labor de su madre, Silvia aprendió el arte del crochet. Fue entonces cuando confeccionó los primeros zapatos que usó su hija, Jennifer Hernández Sotolongo, en su canastilla. “Me gusta tejer, bordar, confeccionar artesanías”, reconoce, aunque admite que aún le queda pendiente incursionar más en el trabajo con papier maché.
Las habilidades manuales se convirtieron en un complemento esencial de su vida laboral: le facilitaron la confección de medios de enseñanza, la decoración del aula, la participación en sociedades científicas y hasta la impartición de círculos de interés sobre manualidades.
Jennifer, su hija, reconoce la paciencia de su madre, su capacidad para reproducir patrones e ideas y la habilidad para dar vida a los más variados objetos. Entre sus creaciones destacan obras realizadas con tela de yute, bolsas de nailon y materiales reciclados, demostrando que la creatividad puede transformar lo cotidiano en arte.
Actualmente, Silvia trabaja en la preparación de una exposición que deleitará al público melenero en el Museo Municipal, como parte de la próxima jornada de la cultura.




