Mayabeque, Cuba: En el marco del Día Internacional del Alzheimer, realizamos una entrevista radial junto a las amigas del Museo. Visitamos a una familia que convive con esta enfermedad, y agradecemos profundamente el tiempo que nos dedicaron en medio de su jornada diaria. Por respeto, preservaremos sus nombres, porque lo esencial hoy es sensibilizarnos con las realidades que enfrentan tantas familias.

Esta familia se distingue por el amor, la unidad y los deseos de vivir. Hace cinco años, uno de sus pilares —un hombre fuerte, inteligente, con reconocida trayectoria laboral, padre y esposo— comenzó a mostrar los primeros síntomas. La desorientación en actividades cotidianas como el baño, la pérdida de rumbo al conducir o salir de casa, fueron señales que encendieron la alerta de sus seres queridos.

El diagnóstico médico confirmó lo irreversible de la enfermedad. Su esposa recuerda que los antecedentes pudieron estar asociados a una crisis emocional y a la depresión tras la pérdida de varios familiares cercanos. Ese impacto marcó su vida.

El Alzheimer es una enfermedad neurodegenerativa que afecta la memoria, el pensamiento y la conducta. Surge por la acumulación de proteínas anómalas en el cerebro, que dañan las conexiones neuronales y provocan la pérdida progresiva de funciones cognitivas. Aunque no tiene cura, existen tratamientos y cuidados que ayudan a ralentizar su avance y mejorar la calidad de vida del paciente.

En este caso, el apoyo familiar ha sido fundamental. La esposa, mujer inteligente y capaz, asumió el rol principal de cuidadora. Ella aconseja paciencia a quienes atraviesan situaciones similares. Su día a día incluye animar a su esposo a mantenerse activo, conversar con él, procurar que pase menos tiempo en cama y vigilar los cambios en el sueño, la medicación y las caídas inesperadas. A pesar de las dificultades, esta familia sigue celebrando fechas importantes, disfrutando de hijas y nietos, cuidando a los padres y manteniendo la armonía del hogar. La esposa demuestra que la vida no se detiene y que el amor es la fuerza que sostiene cada jornada.

Hoy, nuestro respeto y empatía no solo hacia quienes viven con Alzheimer, sino también hacia sus familiares y cuidadores, que desde el amor incondicional facilitan la vida y la esperanza. (YSCM)

Naivys Martínez Mirabal