La leyenda del Papa Oro

Cada época histórica se corresponde con una determinada forma de pensar, esto nos puede servir de herramienta para explicar algunas de las manifestaciones de nuestra cultura que han devenido en patrimonio.

La Sabana, barrio del noroeste de Madruga, surge como consecuencia de la abolición de la esclavitud; esta inmensa masa de desposeídos trajo consigo sus mitologías, entre estas, las del Papa Oro.

Sus habitantes coinciden en que es un inmenso maja; si teorizamos acerca de su denominación pudiéramos hacerlas corresponder al tránsito que se está produciendo en muchas de las comunidades africanas en la época de la trata al patriarcado y al papel de la figura paterna en sus culturas.

Su longevidad, dado los poderes que tiene que le garantizan la eternidad, le ha obsequiado con escamas gruesas y doradas como la de este metal, significativo de riqueza y patrón para el intercambio.

Para muchos, sus dominios no se pueden transgredir, para otros, si es en son de guerra; de esta forma se nos presenta como generoso, expresión de sociabilidad de los negros a la que ha hecho mención Fernando Ortiz.

Cuenta la tradición que los habitantes de una casa de la vecindad tomaban de la población comida para las ofrendas. No importaba la que fuese. Lo mismo harina que algún manjar lo depositaban en un hueco construido en las inmediaciones de la vivienda adonde irían luego en la noche para degustarla.

Sólo en La Sabana, extensa área estéril y en relación de marginalidad con el núcleo poblacional, en una fecha posterior a 1886, se darían las condiciones para su promoción.

La robustez de que es portador, la cualidad de trasmutarse, al igual que el legendario Makandal, magistralmente revelado por Carpentier en cualquier especie, reafirman sus raíces africanas, esa parte notable de la que está constituida la nación cubana.

Procedentes de La Habana y Güines aun arriban al lugar, en fecha al parecer seleccionada de forma libre, muchas personas junto a algunos vecinos realizan las merecidas ofrendas haciendo patente una tradición que perdura por más de cien años y que junto a otras hacen de este espacio una cantera cultural.

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