Preparativos para una guerra necesaria

Martí acudió a todos los que estaban interesados en la independencia de Cuba. Foto: Cubahora

Finalizada la Guerra de los Diez Años en 1878, quedaron frustradas las aspiraciones políticas, económicas y sociales del pueblo cubano.

El Pacto del Zanjón no resolvió los dos grandes problemas de la Cuba colonial: La abolición de la esclavitud y la independencia. Por tanto, el único camino para lograrlo era reiniciar la lucha armada por la independencia definitiva de España. La tarea organizativa para tan importante contienda estuvo en manos de José Martí.

El Apóstol fue capaz de hallar los códigos necesarios para librar a la causa insurrecta del escepticismo que lastraba a no pocos de los veteranos, impregnar de espíritu patriótico a los jóvenes, acabar con las rencillas que dividían a los revolucionarios e integrar a los elementos dispersos.

Martí acudió a todos los que estaban interesados en la independencia de Cuba, en especial a los emigrados cubanos, tabaqueros en Tampa y Cayo Hueso, fue en ellos donde encontró el sentimiento patriótico más profundo y el apoyo más vigoroso.

Organiza los clubes revolucionarios, publicó artículos y folletos independentistas desde España, México y Guatemala, viajó a Caracas y fundó la Revista venezolana, fue corresponsal de importantes publicaciones: La Opinión Nacional, El Partido Liberal, La República y La Nación, de Caracas, México, Honduras y de Buenos Aires, respectivamente, participó como representante de Uruguay en la Conferencia Monetaria Internacional Americana, donde alerta acerca del peligro que representan los Estados Unidos para América.

Durante su estancia en Tampa pronunció Martí los discursos Con todos y para el bien de todos y Los Pinos Nuevos, dos de sus más importantes oratorias.

Concibió la necesidad de crear un partido revolucionario único, el Partido Revolucionario Cubano, como instrumento que lograra una organización centralizada y aportara los recursos necesarios para lograr los propósitos emancipadores.

Le faltaba al apóstol garantizar la incorporación a la guerra de los principales jefes de la pasada gesta de los Diez Años. Para lograrlo, en septiembre de 1892 viajó a República Dominicana donde se reunió con Máximo Gómez, el viejo luchador. Con el éxito de la entrevista entre Martí y Gómez, se revela un momento esencial dentro de la unidad.

A finales de junio y principios de julio de 1893, el trabajo de unificación de José Martí dio otro sólido paso hacia delante pues viajó a Costa Rica al encuentro del valeroso patriota Antonio Maceo. Y con los brazos abiertos lo recibió Maceo y con su disposición de ratificar nueva y definitivamente su grandeza, el protagonista de la Protesta de Baraguá se incorporó al proyecto martiano.

Se acordó la Orden de Alzamiento el 29 de enero del propio año 1895 autorizando este para la segunda quincena del mes de febrero. Luego, en Cuba acordaron la fecha del día 24 lo que fue comunicado a Martí por Juan Gualberto Gómez en un sencillo mensaje: “giros aceptados”.

Cuando, después del fracasado Plan de las Fernandinas,  llegaron  a la Isla levantada en armas, Martí, Gómez, los Maceo, Serafín Sánchez, Roloff, Crombet  se les unieron los que ya peleaban en la Isla: Sanguily, Carrillo, Salvador Cisneros, Masó, Moncada y otros muchos, ya no cabía dudas de que la Patria sería libre.

Resulta una lección para nuestros tiempos, para ahora.  Y nos indica por qué en nuestro país, donde continuamos la Revolución del 68 y del 95, no le tememos a los períodos especiales, ni a los bloqueos y resistimos: es que de raíz nos viene la fortaleza, el patriotismo, la lealtad, la confianza en los máximos jefes. (IVP)

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Isamary Valero

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