El nieto de Abdala

Hamdi Mahamdi, joven popular en Jaruco, de procedencia árabe.
Hamdi Mahamdi, joven popular en Jaruco, de procedencia árabe. Foto: Autora.

Mayabeque, Cuba: Un joven de 32 años, bajo de estatura, moreno y de cabello azabache desanda las calles y las casas de Jaruco, desde hace cinco años. La bata blanca descubre su profesión y el acento, su procedencia árabe.

Su nombre es Hamdi Mahamdi, nació en la República Argelina Democrática y Popular y tiene un imán para la gente. Pero en los últimos tiempos algo enciende el atractivo de este personaje entrañable de la Ciudad Condal, y es que su abuelo lleva el nombre del mismo candidato vacunal que ahora lo protege a él y a millones de cubanos del coronavirus: Abdala.

“Mi abuelo murió cuando yo tenía cinco años, pero tengo los mejores recuerdos de él: que íbamos para su casa y la familia se reunía, mis tíos, mis tías. Nosotros, los árabes, tenemos una cosa que, aunque haya lejanía, siempre estamos unidos en el ámbito familiar. Son cosas propias también de los musulmanes, de nuestra religión que te enfoca a querer la familia, a respetar a los demás. Uno se casa, tiene su familia, pero por ejemplo, todos los viernes, cada quince días, toda la familia tiene que estar reunida.”

Abdala es un nombre árabe muy común y significa en esa cultura, siervo de Dios, de modo que es frecuente escucharlo en la provincia de Tinduf donde nació y creció Hamdi Mahandi.

El doctor Hamdi, como le conocen en Jaruco, se hizo médico en Facultad de Ciencias Médicas de la provincia de Granma y es uno de los tantos frutos de la hermandad entre Cuba y Argelia.

Esta semana recibió la tercera dosis del candidato vacunal Abdala, que para él es como la poción milagrosa de los magos de la ciencia cubana.

“Uno siempre tiene miedo a vacunarse y a mí, sinceramente, nunca me ha gustado ponerme una vacuna sin antes saber que es eficaz, pero en la Revolución cubana yo confío con los ojos cerrados, porque gracias a esa Revolución yo me formé como un profesional y además da la coincidencia que la vacuna lleva el nombre de mi abuelo. Entonces hay que “echar palante”, es una intuición, una corazonada y como se llama Abdala me digo: ¡esto va a ser de lo mejor!

Hamdi lleva once años en esta isla que lo tiene enamorado y de la que se llevará la calidez de sus vecinos y de sus compañeros de trabajo, la tacita de café brindada con amor y hasta la jerga criolla que enciende su peculiar español, repleto de música, arenas doradas y palmas reales.

Abdala, como nombre del protagonista de la pieza teatral creada por José Martí en 1869 y como álter ego, (el otro yo), del propio Martí, simboliza el amor más puro por la patria. Mejor apelativo no podía encontrarse para un producto biotecnológico hecho en Cuba y llamado a salvar la vida y la nación. Tal vez por eso y de alguna forma el médico Hamdi repite al compás de la inyección bienhechora los versos del Maestro: “¡No ves que de mi brazo espera Nubia/ la libertad que un bárbaro amenaza!” (BSH)

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Marlene Caboverde

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